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Vandalismo
Santiago se ha empeñado en rescatar y poner sus símbolos y tradiciones a buen resguardo, pero el vandalismo, que no comulga con la cultura ni con la historia, se ha interpuesto como una muralla.  La mutilación de una mano de una estatua del poeta Manuel del Cabral, en la que tenía un ejemplar del periódico La Información y los daños a otra escultura del compositor Julio Alberto Hernández  retratan la descomposición que campea por doquier. Las obras, instaladas en el área dedicada a las “tradiciones santiagueras” del Monumento a los Héroes de la Restauración, han sido erigidas para preservar la memoria histórica. Desgraciadamente la misma suerte han corrido otros monumentos y estatuas levantadas para exaltar la hazaña de figuras que se destacaron por su aporte a la patria. Las acciones reflejan, más que cualquier otra cosa, la falta de conciencia, de educación y respeto que prima en la nación. Que nadie se llame a engaño.

Inquieta confesión

Unas declaraciones de la presidenta del Consejo Nacional de Drogas  compromenten, por su gravedad, todavía más a las autoridades a intensificar la lucha contra el narcotráfico.

De acuerdo con la doctora Mabel Féliz  Báez República Dominicana ha pasado de puente del tráfico internacional de drogas narcóticas  a consumidor de la sustancia. Aunque defiende las medidas que se han tomado es obvio que todavía no se han alcanzado los efectos deseados.

La droga penetra a través de los diferentes sectores con secuelas tan nefastas como la de además de puente la nación ha caído en las garras del consumo.

Cierto es que la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) ha propinado golpes contundentes al narcotráfico, pero las operaciones no han bastado para frenar el auge del flagelo.

La confesión de la presidenta del Consejo Nacional de Drogas en el sentido de que ha aumentado el consumo es de tal gravedad que constituye un desafío para las propias autoridades.

La violencia que de un tiempo a esta parte ha instalado sus reales en el territorio dominicano tiene un alto componente en el tráfico y consumo de drogas.

Será siempre más factible que las autoridades admitan los problemas a que traten de ocultarlos, en ocasiones con argumentos hasta ridículos. Y más cuando son tan visibles.

El Nacional

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