Las personalidades que han mediado para superar la crisis que sacude al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) no han podido ocultar su frustración con el fracaso de la iniciativa.
Pero en cuanto a establecer responsabilidades la explicación es confusa.
Por un lado citan la reticencia, aunque sutil, del presidente del PRD, Miguel Vargas Maldonado, para explorar la vía del diálogo como una de las fórmulas para superar la disputa. Y por la otra ven como obstáculo en el esfuerzo unas declaraciones de Hipólito Mejía según las cuales no se reuniría con Vargas Maldonado.
De esa manera se interpreta que para José Joaquín Puello, César Mella y Homero Figueroa la solución a la crisis del PRD pasaba por un encuentro personal entre Hipólito y Miguel como cabezas de la disputa por el control de la organización.
Si bien es cierto que las actitudes personales han pesado mucho en la confrontación cualquier salida tiene que ser sobre una carta de ruta con la que se comprometan todos los sectores. A menos que cambiara de parecer, Vargas Maldonado se ha enrocado en que la única fórmula viable es la llamada institucional, que ha sido la validada por el Tribunal Superior Electoral (JCE). Con esas actitudes seguirán los fracasos.

