Si en varios hospitales de la región Sur se han detectado casos de cólera no queda más que enfrentarlos. Con alarmar a la población, como subyace en las denuncias del Colegio Médico Dominicano (CMD), no se combatirá con éxito la enfermedad. Consciente del drama sanitario, el propio ministro de Salud Pública, Bautista Rojas Gómez, había declarado que lo peor sobre el cólera no había pasado. No se puede afirmar ni insinuar entonces que las autoridades ocultan los casos de una enfermedad que más temprano que tarde terminarían por saberse. Y de tomarse en cuenta el efecto que surtió en Haití, donde causó la muerte de miles de personas, hay hasta que reconocer la eficacia con que aquí se ha abordado el problema. Brotes como el de La Ciénaga y otros denunciados por el gremio médico son para que se coordine una batida, con la participación de todos los sectores, para combatir la enfermedad. Pero de ninguna manera para crear pánico ni pensar en medidas que puedan repercutir negativamente en sectores como el turismo. Si algo ha fallado en la estrategia para enfrentar el cólera, el gremio médico puede muy bien cooperar con las autoridades para corregirlo. Sería lo más aconsejable en virtud del interés nacional.
Atinado proyecto
El diputado Fabio Ernesto Vargas ha encontrado la respuesta para resolver el conflicto de los menores que actúan como adultos: un proyecto de ley para que la mayoría de edad se adquiera a los 17 y no a los 18 años. Es cierto, como plantea el legislador del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) por Barahona, que a los 17 años un muchacho está en capacidad de actuar con responsabilidad y discernir sobre lo bueno y lo malo. Por la destreza que han exhibido en la comisión de delitos se ha planteado la modificación del Código Procesal Penal para juzgar a los menores como adultos. Con el proyecto de ley el conflicto quedaría resuelto. En muchos países la mayoría de edad se alcanza no sólo desde los 17, sino a los 16. La ley facilitaría que muchos jóvenes puedan legalizar su integración al proceso productivo sin la traba de la edad. Si se admite que a los 17 años se piensa y actúa como mayor edad, la pieza debe ser acogida como solución a un inquietante problema social.

