La experiencia ha demostrado que las autoridades cometen un grave error, con consecuencias fatales, al desoír los llamados a huelgas, como la que durante tres días paralizó a Salcedo, en demanda de obras. Hay que recordar que ganar elecciones, en ocasiones a base de muchos compromisos, no constituye una prueba de apoyo incondicional. No se sabe a ciencia cierta a qué se debe la indiferencia para dialogar con los promotores de los movimientos antes y no después que se producen. Demostrado está que no se puede subestimar la capacidad de los convocantes, pero tampoco negar las demandas sociales que fundamentan las protestas. Luego de tres días en huelga, una menor herida durante una refriega, quema de neumáticos y fuerte tensión en la población, las autoridades accedieron a dialogar con los promotores de la protesta. La alteración del clima pudo evitarse con un poco de buena voluntad de los ministros y funcionarios a cargo de las obras que se reclaman en Salcedo. Las autoridades dan a entender que de no ser por el curso del movimiento a lo mejor ni siquiera se hubieran dado por enteradas sobre las necesidades de esa y otras comunidades que están en las mismas condiciones. Una actitud que deja mucho que desear.
Jueces divididos
Los jueces siguen divididos en dos asociaciones que postulan los mismos objetivos. Intriga que los magistrados no sean capaces de conciliar sus diferencias y unificarse en torno a una sola entidad. La Asociación de Jueces Dominicanos para la Democracia (Judemo), que preside la magistrada Katia Miguelina Jiménez, ha dado pasos para la integración de esa entidad a organizaciones internacionales. Eso significa que está decidida a trillar su propio sendero, tal vez olvidando que sin participación no hay democracia. Con mucha satisfacción informó que Judemo fue admitida en la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Magistrados y en la Unión Internacional de Magistrados. Pero el asunto no está en ganar filiación internacional, sino en que todos los magistrados puedan unificarse en torno a objetivos comunes. La extraña división de los magistrados ha dado margen para que se piense en la intervención de intereses ajenos al quehacer judicial. Es lo que parece.

