Página Dos

RADAR

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El Museo Memorial de la Resistencia, construido por el Gobierno a un costo de 104 millones de pesos, es una obra histórica, que expone los crímenes y vejaciones cometidos durante la dictadura de Trujillo. Pero si los familiares, amigos y seguidores del dictador quieren  construir su propio museo, también están en su derecho. La diferencia está en que durante la Era de Trujillo sólo eran posibles obras de esa naturaleza para exaltar la figura del dictador, en tanto hoy impera el libre juego de las ideas. Los antitrujillistas, por más sentidos que estén con los crímenes y vejaciones que sufrieran durante el siniestro período, en modo alguno pueden reproducir prácticas ominosas, como la intolerancia o la persecución por razones políticas o ideológicas. Todo museo a una figura como la de Trujillo debe ser de infamia. Pero es justo reconocer que conforme a la Constitución y las leyes los trujillistas tienen pleno derecho a su museo. En los 50 años que se cumplieron ayer de la decapitación de Trujillo se supone que la sociedad ha avanzado lo suficiente como para no temer a ningún inventario. El Museo Memorial de la Resistencia expone con crudeza la naturaleza de un régimen que se sustentó en crímenes y la conculcación de las libertades.

Eduardo y el Fondo

Eduardo Estrella, presidente de Dominicanos por el Cambio, se ha labrado reputación como defensor de los valores patrios, además de  comedido y coherente. Pero se ha dejado confundir con la perorata que ha convertido al Fondo Monetario Internacional (FMI) en una suerte de mandamás en los asuntos nacionales. Que el Gobierno se defienda atribuyendo al FMI medidas tan impopulares como el alza en la tarifa eléctrica, es una cosa. Pero otra que la clase dirigente asimile los pretextos como buenos y válidos. Eduardo Estrella no tiene que pedirle al FMI que exija al Gobierno más austeridad y transparencia en el gasto público. O un tope al endeudamiento público. El planteamiento implica reconocer una supremacía sobre la soberanía que el organismo financiero no tiene. No se puede atribuir al FMI ni a ningún organismo internacional ninguna función que roce con la soberanía. Aunque sea con la ironía que cabe suponer a la petición de Eduardo Estrella.

El Nacional

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