Página Dos

RADAR

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Las inundaciones en barrios como La Ciénaga, La Barquita, La Lata, La Lechuga y muchos otros es un fenómeno que se repite desde que llueve con cierta intensidad. Con la epidemia de cólera y otras enfermedades se torna más tétrico el drama de las familias que residen en sectores que se caracterizan por el hacinamiento, la insalubridad y la falta de servicios básicos. La crecida de los ríos Ozama e Isabela no sólo obliga a correr con sus ajuares a muchas familias que viven en las orillas, sino que suele cobrarse algunas víctimas. El  espantoso cuadro convoca a una cruzada sanitaria, encabezada por el Ministerio de Salud Pública, para enfrentar los males que amenazan a las familias residentes en esos barrios. Pero la verdad es que no se puede esperar que sean los fenómenos atmosféricos los que den la voz de la alerta sobre el peligro que las inundaciones representan para los residentes en las periferias de los ríos o al borde de cañadas. Si no es así a cada momento habrá que emprender una jornada para socorrer a familias que viven en permanente peligro. Las deplorables condiciones de los residentes en los barrios arropados por la pobreza y amenazados por las inundaciones constituye un desafío para el Gobierno.

 

Protestas en Salcedo

 

De un tiempo a esta parte Salcedo ha sido escenario de recurrentes protestas en demanda de obras con las que los promotores de las movilizaciones dicen se han comprometido las autoridades. Además de someter a la población a fuertes tensiones, interrumpir el transporte, el comercio y otras actividades, los paros suelen provocar enfrentamientos con secuelas lamentables. Sea por  incumplimiento de las autoridades  o por interés de algún sector en sembrar el caos a nombre del descontento, Salcedo no puede ser víctima ni protagonista de la intranquilidad. El motivo de la protesta, que ha dejado las calles repletas de escombros, es la terminación de la carretera que comunica al municipio con la zona montañosa. Si las autoridades saben que no pueden cumplir con las obras, la verdad es que no deben comprometerse. Eso no significa endosar el espíritu levantisco que se observa en los convocantes de las protestas que sumen a Salcedo en la incertidumbre.

El Nacional

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