Un simple recuento de sucesos ocurridos en las últimas horas arroja un balance espantoso sobre la sangrienta ola de violencia que sacude la nación. En la Zona Colonial, el dueño de un restaurante mató a uno e hirió a otro que con otra persona llegaron a su negocio de la calle Arzobispo Portes con Hostos con el propósito de atracarlo. En Higüey, tres sujetos cargaron con casi medio millón de pesos y una pistola al asaltar un comerciante y un ayudante fiscal. En Hatillo, San Cristóbal, un empleado privado fue muerto de un disparo por desconocidos para despojarlo de una motocicleta. En San Francisco de Macorís, la Policía identificó a los homicidas de un sargento y de una muchacha de 16 años, cuyos cadáveres habían sido encontrados en una playa de Samaná. También en La Vega fue muerto un empleado privado para despojarlo de una motocicleta. Los scuesos, apenas una pincelada con relación a la ola criminal, son publicados en la edición de ayer de este diario. El problema es complejo, pues hasta que se despeje esa atmósfera no se restablecerá la seguridad y el orden por más delincuentes reales o supuestos que la Policía elimine. Tan alarmante es la ola delictiva que la gente anda con miedo. Y no puede ser.
Vuelta en juicio
El proceso por acoso sexual contra el exdirector del Fondo Monetario Internacional (FMI) podría dar un giro de 360 grados. De una condena que parecía inminente, ahora resulta, según The New York Times, que el francés Dominique Strauss-Kahn podría salir airoso de la batalla judicial. Aunque no tanto como para restaurar su imagen tras el grave daño que ha sufrido. El influyente diario dice que los investigadores han encontrado grandes agujeros que han puesto la acusación en la cuerda floja. Si bien se han hallado evidencias de contacto sexual, los fiscales no creen la versión de la mujer, quien se habría contradicho en los relatos después que interpuso la querella contra Strauss-Kahn, el 14 de mayo. Con la profundidad y responsabilidad que caracteriza las investigaciones en Estados Unidos, han salido a relucir irregularidades en la solicitud de asilo de la querellante, de origen guineano, y posibles vínculos con el crimen organizado. Parece que fue una trampa.

