No podía ser más tierno y conmovedor el gesto del presidente Leonel Fernández al colocar su dije con la efigie de la bandera nacional a una niña dominicana que lo identificó como compatriota a su llegada al aeropuerto de Barajas, Madrid. De acuerdo con Diario Libre, que publica la historia en su edición de ayer, la niña, residente en España e hija de padres dominicanos, le preguntó al Presidente que si era dominicano al verle el pin con la enseña nacional en la solapa de su traje. A la afirmación del gobernante la niña también se identificó como dominicana, y en un gesto aleccionador el Presidente le colocó la prenda que había motivado su curiosidad. El Presidente llegó el domingo a Madrid como escala de su visita oficial a Alemania para entrevistarse con la canciller Angela Merkel. El sentimental encuentro con una niña que se identifica con sus símbolos patrios puso una alentadora nota de ternura a la gira del mandatario. No podía darse un recibimiento más tierno, espontáneo y conmovedor que un encuentro despojado del barroquismo y las lisonjas que suelen caracterizar los actos de los gobernantes dominicanos. El Presidente se la comió con su actitud ante la niña que no lo identificó como gobernante, sino como dominicano.
No es tan fácil
Con la desconfianza que prevalece en las calles, en las que no se sabe quien es quien, es muy difícil que se acate una orden de pare de supuestos agentes policiales. De día y en zonas concurridas no se justifica la desobediencia, pero en horas de la noche y en áreas oscuras el riesgo de detenerse es demasiado grande. Sin embargo, por el hecho de que un conductor no acate un mandato de detención los agentes no pueden disparar a matar, como ocurrió con el estudiante de Derecho Abraham Ramos Morel y con el anciano Elio Reyes Severino. En ambos homicidios la Policía ha anunciado el sometimiento de los integrantes de las patrullas, pero ha exhortado a la ciudadanía a respetar las órdenes de detenciones. El problema está en que la propia actuación de la Policía refleja la inseguridad que caracteriza el ambiente. La gente no se detiene porque no sabe si los policías son delincuentes y los agentes disparan al presumir que son delincuentes quienes desobecen sus órdenes.

