Conocí en Caracas al exsacerdote cubano José Ignacio López Vigil, fundador de Radialistas Apasionados y Apasionadas, una ONG con sede en Quito, cuyo objetivo es contribuir a la democratización de las comunicaciones, especialmente la radio, desde las perspectivas de género y ciudadanía. Radialistas tiene un centro de producción al servicio de radialistas de todos los continentes, (constituidos en red interactiva de radios privadas, comunitarias, indígenas y estatales), con prioridad en América Latina y el Caribe, para la cual crea boletines electrónicos para promover la interactividad con la audiencia, brindando libretos en ecología, género, sexualidad, no- violencia, entre otros, y respondiendo las interrogantes de los y las usuarios mediante su página webb que es un consultorio virtual.
Radialistas ha entrenado a miles de personas en la programación de radio, algo que constaté cuando viajábamos a Caracas y Bolivia, donde sus afiliados esperaban con algarabía y gran cariño a José Ignacio.
Cuando supe que había vivido, como sacerdote, en República Dominicana y había desarrollado intensa labor en la frontera, nos acercamos; y cuando lo escuché hablar sobre como la radio sigue siendo el instrumento principal de acceso a los más pobres de los pobres, se me despertó un vivo interés en esa hermana venida a menos de los medios de comunicación.
De ahí que decidiera participar en el 18 Concurso de Cuentos de Radio Santa María, con el auspicio de la Fundación León Jimenez, atraída por su reputación y jueces, personas de probada sanidad mental y respeto en el ámbito cultural: Manuel Rocha, Emelda Ramos y Luis Beiro.
Concursar, además, me permitía demostrar lo que siempre he planteado: que la garantía de legitimidad de un premio literario está en el anonimato via seudónimos- de los y las concursantes, porque ello impide que se armen jurados favorables, o desfavorables, para un autor, o autora, de nuestra preferencia, o rechazo.
Haber ganado el segundo premio, cuando participaron 241 autores y autoras, con un cuento: Dominicus Sireinoform, por el cual había recibido una carta de estimulo del Juan Rulfo, y la opinión positiva de cuentistas como Adela Fernández (de México), una de las diez principales (según García Márquez) cuentistas de América, compitiendo con un veterano de premios en cuento como lo es Roque Diómedes Santos, (quien tiene en su haber media docena de primeros premios en este concurso y ha sido premiado en Funglode); me reafirma en la necesidad de confiar en lo que se escribe.
Compartir esa confianza en el poder de una obra para hablar por si misma y abrirse paso, contra viento y marea, con tantos jóvenes autores, de todo el país, me llenó de alegría. ¡Y qué bueno ganar este premio cuando es la Santa María una de los invitadas principales de esta Feria del Libro!

