Antonio Almonte
aalmonte@hotmail.com
Pensándolo bien, y observando la capacidad de correr y contagiar que tiene el coronavirus, el liderazgo político, empresarial, civil y religioso del país debería concentrar sus esfuerzos en preparar el inevitable regreso a la “normalidad”y a la reapertura total de la economía. La recuperación de la “normalidad” podría ser un proceso más costoso, complejo y conflictivo que el de emergencia y control sanitarios. La pandemia, en un abrir y cerrar de ojos, ha desarticulado la economía global y la local, pero nos llevará décadas reconstruir lo que teníamos.
Nadie duda ya que el coronavirus no desaparecerá en el 2020, y tampoco en el 2021. Más aun, cuando alguna potencia logre desarrollar la esperada vacuna anti COVID 19, la pandemia se reducirá sustancialmente, pero flotara durante años como un remanente letal, azotando sociedades frágiles; y con reapariciones y brotes frecuentes debido a que su canal propagador más efectivo es el ser humano, que es hoy, inevitablemente, circulante y nómada cual berebere moderno.
Pensemos solamente en la educación. La extraordinaria masa de estudiantes universitarios que se trasladan apretujados, cara con cara, cada día en metro y autobuses a las universidades del Distrito Nacional y de Santiago, presenta un enorme desafío al sistema sanitario nacional.
Las propias precariedades de espacio y aulas en muchos centros elevan los riesgos de contagios.
Una ínfima minoría de nuestras universidades cuentan con suficientes docentes capaces de desarrollar todas sus cátedras y supervisión de manera online, y tampoco disponen de las plataformas tecnológicas adecuadas. Por su lado, los estudiantes, en su mayoría de muy escasos recursos, carecen también de computadoras, entrenamientos y condiciones de acceso a internet para seguir su formación online en todas las asignaturas.
Sin embargo, en contraste, las universidades privadas de altos costos, centros de clase alta y media del país, si podrían prepararse en corto tiempo para la educación online masiva.
Ese desbalance se empeora en el nivel de la educación básica, cuando comparamosla desnudez tecnológica de escuelas públicas y colegios de barrios con las facilidades de los grandes colegios privados.
El coronavirus ampliara la inequidad y la pobreza.

