El jueves extracté reflexiones sobre la Navidad. Apoyé la tregua. Recordamos el nacimiento del hijo de Dios. Hay esfuerzos rituales que las mayorías impulsan para recibir a nuestros compatriotas que regresan. Los programas televisivos se esmeran en seleccionar sus mejores mensajes, aunque no falten aquellos que no respetan la decencia, ni admiten tregua para ofender personas y partidos, donde siempre hay personas de concepto, sentido del amor y el agradecimiento, condiciones que, cuando faltan, desajustan lo que representan.
No quería tocar el tema, porque cuando caigo en lo político y lo poético, no puedo esconderlo. Y no tengo razones para esconder algo. Ahí están mis registros. Manejé departamentos, y fueron decenas. Viendo y escuchando programas de radio, televisión y redes, y ni hablar de libros, a veces quiero exprimirlos, pero la prudencia y el amor al prójimo me frenan.
Me llamó la atención escuchar al destacado político del PLD, José Laluz defendiendo con justeza, raro con el sectarismo que exhibimos algunos políticos, a Hipólito Mejía de una crítica que le quisieron montar, cuando uno de sus guardaespaldas intervino al meterle un periodista un micrófono al candidato puntero del cambio que presentan las encuestas. Laluz, peledeista reconocido, fue de los primeros que paró en seco la invención y dijo que no fue exabrupto de Mejía, quien abrazó a dicho periodista. Aprecié ese criterio como imparcial, y ello levanta al señor Laluz.
Escuché otra exposición con rasgos eclesiásticos del licenciado Hatuey De Camps, valor político curtido cuya experiencia la necesita el país.
A propósito de programas, cuando intervinieron aquellos bancos por fraudes, Baninter y compartes, cuyos autores algunos están presos, ¿en manos de quién están los canales de televisión y radio que formaban parte de esos grupos económicos? Escuché ese cuestionamiento. Para sorpresa de muchos, ahora no quiero tocar esa tecla, pero Dios ayuda a Hipólito Mejía, porque sigue siendo sincero, humanista, familiar y muy discreto con los sagrados recursos privados y públicos hasta en su campaña, consciente de que su pueblo sufre por gastos escandalosos con préstamos en nombre de la democracia, del poder y de la misma campaña. Cuando llegue el 2012, Hipólito o Danilo, cualquiera de los dos, tendrá que fumar debajo del agua.
He dicho que necesitamos cambiar para el bien, pero con votos, para un país más seguro, con un partido comprometido con nuestras realidades como el PRD, el más comprometido con hazañas nacionalistas y democráticas, con experiencias acumuladas y hoy motivadas y, si somos justos, con el equilibrado binomio Mejía y Abinader, ejemplares padres de familia, calurosos hombres de palabra, prendas que reflejan garantía y realismo que la propia política exige.
Que tengamos todos, un Año Nuevo venturoso.

