He manifestado en algunos escenarios públicos que estos serán 4 años peligrosos para el Partido Revolucionario Moderno y su líder, el presidente Luis Abinader. Varias razones justifican mi razonamiento. Nadie en su sano juicio puede esperar un milagro económico en la República Dominicana.
Los dominicanos votaron para reelegir al presidente Abinader, no a su gabinete. El presidente está abocado a una reforma fiscal y habría que observar su impacto en los dominicanos. Y ya no puede recurrir al discurso de la pandemia, etc. Hay que hacerlo bien y punto.
Pienso que el elemento más perturbador para el presidente Abinader, será el manejar con sagacidad y ‘’justicia’’ la lucha que desde ya se libra a lo interno de esa exitosa organización.
Una de las desventajas del jefe del Estado, es que para el 2028, no tendrá el poder de hacer nombramientos y, por lo tanto, ahora es que debe garantizar que: Guido Gómez Mazara, Faride Raful, Wellington Arnaud, Carolina Mejía, Eduardo Sanz Lovatón, David Collado, y otros que intenten hacer escaramuzas, corran en igualdad de condiciones.
El partido azul y blanco y su líder, deben prepararse para recibir una de las oposiciones más contundentes de las últimas décadas. Y esa es precisamente la razón por la que la reunión entre el expresidente Leonel Fernández, líder de la Fuerza del Pueblo y el reelecto presidente, ha sido abortada. Elemental: Leonel Fernández y su partido no quieren asumir ningún compromiso con una posible reforma constitucional y mucho menos con una impostergable reforma fiscal.
Desde el proyecto de constitución de Juan Pablo Duarte, todas las constituciones dominicanas, abogan por la unidad de la nación, sin embargo, en la praxis, todos aspiran llegar al solio presidencial, aunque sea cabalgando sobre los cadáveres de sus conciudadanos.
El escenario del 2028 está claro: Leonel Fernández, candidato por la Fuerza del Pueblo, sin trauma a lo interno, un PLD disminuido y una lucha feroz por la candidatura presidencial en el PRM que podría determinar los resultados, si no se obra apegado a la democracia interna.
Por: Ramón Rodríguez
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