SANTIAGO. Sesenta y una familias viven de la ayuda solidaria, del recuerdo y el drama de haber perdido hace más de 15 días lo que durante todas sus vidas lograron construir.
A 19 de ellas el río Quinigua les destruyó totalmente sus viviendas el lunes 22 de junio y están aún en condiciones de damnificadas donde familiares y amigos, pero mantienen la esperanza de que recibirán un techo dónde residir.
El río arrastró lodo y piedras que destruyeron parcialmente las viviendas de otras 52 casas en cuatro sectores de la comunidad, cuyos residentes vieron cómo las crecidas se llevaron todos sus ajuares y vestimentas.
Retumba todavía en el recuerdo de los residentes de aquí el ruido de las desbordadas aguas, pero en medio del dolor y las penurias que tienen se enorgullecen de no tener que llorar a ninguno de los vecinos, porque nadie murió a causa de las crecidas.
Esa fue una situación muy difícil la que vivimos, el río se me entró a la casa. Salí corriendo y dejé todo botado, mi esposo no estaba en el lugar, recordó María Danelis Martínez, un ama de casa embarazada que mantiene la esperanza de superar el drama que vive en la actualidad.
Antes de la crecida del río, los platanales y las habichuelas estaban a punto de cosecha en la comunidad, pero fueron afectados por las riadas.
De las 61 familias afectadas 19 están sin techo dónde guarecerse, y pese a que reciben ayuda gubernamental en raciones alimenticias, tienen temor de que las promesas que les han hecho de construirles viviendas queden en el vacío.
Winny Peña recuerda los amargos momentos que vivió con las crecidas ese día, cuando los vecinos la socorrieron quitándosela a la corriente con una soga para evitar que pereciera arrastrada por las aguas.
Sus padres, enfermos y en silla de ruedas, fueron arrastrados por las aguas pero liberados de las crecidas. Ya no quieren construir donde residían y necesitan mudarse a otro lugar, pero no tenemos a dónde ir, narró.
Además de vivir arrimados comienzan a sentir problemas de salud como gripe, fiebre y varicela, entre otras dificultades.
Hellen Paulino, presidenta del Barrio Senso, uno de los que componen la Cuesta de Quinigua, dijo que han recibido 13 camas del Ayuntamiento de San Francisco de Jacagua, 25 artículos para el hogar y 25 colchones con mosquiteros de la Gobernación, y les han llevado alimentos.
Pero consideran necesaria la reubicación de los más afectados y que canalicen el río.

