Opinión

Roma y los traidores

Roma y los traidores

Hugo Beras parecía un joven juicioso, la antítesis del político tradicional y sobretodo una persona mesurada, cuando Miguel Vargas lo elevó a embajador y director de comunicaciones de la cancillería, abriendo la puerta con él a un nuevo PRD, alejado de la política de rebatiñas, zancadillas y traiciones, me pareció que se comenzaba a solidificar el pensamiento y el deseo de José Francisco Peña Gómez en el advenimiento de una organización alejada de los vicios y la maledicencia que habían traído los que nunca amaron al partido que les había dado todo y que al no poder destruirlo, se alejaron jubilosos como las ratas de un bergantín escorado, para ir a aposentarse en un velero con bandera de pirata.
En la conquista de la península ibérica, donde habitaban los lusitanos que luchaban contra Roma, el proctor Romano Galba les tendió una trampa a sus líderes, asesinando la mayoría de ellos, pero no contaba con el deseo de los Lusitanos por su independencia y amor por sus tierras, así nace entonces la figura de un pastor con grandes dotes de estrategia militar Viriato que derrotó las huestes romanas una y otra vez, los romanos entonces envían a un legionario llamado Quinto Servilio Cepión que sobornó a hombres muy cercanos y de la intimidad de Viriato, quienes lo asesinan mientras dormía, cuando fueron a buscar su recompensa, el cónsul Escipion, el mismo que enfrentó a Aníbal el cartaginés, pronunció esta sentencia que desde entonces retrata de cuerpo entero a todos los de confianza que entregando su dignidad se venden.

Roma no paga traidores.
La traición no solo va contra un líder o dirigente, va también en contra de los que creyeron en ellos, que pensaran los dirigentes humildes de los barrios que creyeron en este traidor de nuevo cuño, de los candidatos a regidores que confiaron en él, qué sentirá su familia y amigos cuando lo vean de frente. Los comerciantes, grupos comunitarios y ciudadanos que creyeron en sus promesas y programas para una mejor ciudad, o qué sentirá el mismo al mirarse al espejo y ver descarnada la imagen de la traición?

No hay nada tan asqueante, vengonzoso y mezquino como el dinero ganado con la traición
Cuentan que al salir del sanedrín con las 30 monedas, Judas parecía feliz, incluso lo parecía al dar el beso con el que consumó su traición definitiva, pero en algún momento al ver su cara reflejada en un pequeño estanque, sintió tanta vergüenza de si mismo que optó por suicidarse, parece ser que entendió que no hay nada tan vergonzoso, asqueante y mezquino, como el dinero ganado por la traición.

El Nacional

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