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Rosa para una Rosa

Rosa para una Rosa

Ubi Rivas

El 21 de marzo de 2022 marcó la desmaterialización de Rosa Gómez de Mejía, esposa del expresidente Hipólito Mejía, y con su transmigración a las regiones escarpadas de lo ignoto, no solo su familia pierde a un ser invaluable, sino la sociedad dominicana, siguiendo el rito de valorizar los que se van para no retornar jamás, inicia el monitoreo de esta dama singular en función de luminosos legados a su país.

Resulta que personas como Rosa Gómez de Mejía solo la materia corrompida se destruye, de ninguna manera sus afanes por construir una sociedad con valores espirituales diseminados, coherentes y con factura perenne.

Su accionar constante, enfocado a construir una sociedad pueril asistida, inculcando valores sociales, conductuales cívicos y emocionales, orientó una inspirada y genuina vocación de servicio público de Primera Dama de la República (2000-04), sin estridencias, aguajes, ni la parafernalia de un equipo de fotoperiodistas, ni el andamiaje de oropel que ella rechazó, conforme su cosmovisión, gobernada por sencillez, mesura y desprendimiento.

Con absoluta propiedad, puede argumentarse que Rosa Gómez de Mejía recogió y condujo por todo lo alto la antorcha del redentorismo social, iniciada por la inolvidable y amada Renée Klang de Guzmán, consorte del presidente Antonio Guzmán (1978-82).

Rosa Gómez de Mejía ejerció su vocación social por un luengo y pletórico tránsito de aportes a la gente menuda, los niños, que fueron en su demostrado palpitar, amplias extensiones de los cuatro procreados con Hipólito Mejía, su pareja de toda su fructífera vida, hacia dentro, y fuera de su hogar.

En el desempeño ministro de Agricultura de Hipólito Mejía (1978-82), el autor acudía diario desayunar con su esposo, y si un día llegaba cuando Hipólito había marchado, Rosa me instaba acudir a Agricultura para nuestro diario conversatorio.

La cosmovisión permanente apacible de Rosa, con toda certeza, actuó como un tamiz, para serenar la carga de responsabilidades públicas de su esposo, ora director de Intabaco, ora ministro Agricultura, ora jefe de Estado, ora hoy segunda autoridad de las bases del PRM, secundando a nuestro presidente Luis Abinader.

El multitudinario gentío arremolinado en su funeral, de ninguna manera fue única demostración solidaria con Hipólito, sino complemento al reconocimiento de las muchedumbres irredentas, a quienes Rosa siempre cubrió con su palio umbrío.

El momentum cumbre, donde las sociedades esgrimen la balanza de Themis para emitir su inapelable veredicto ante la posteridad.

Momentum donde nos percatamos que, enhiestos espíritus como Rosa Gómez de Mejía, “son como los ríos, que se están yendo siempre, pero que no se van”, conforme dictamen del aedo José Angel Buesa.
Paz a sus restos mortales.

Condolencias a su familia.
Una Rosa blanca.
Para una perennal Rosa luminosa y solidaria.

Por. Ubi Rivas
ubirivas30@gmail.com

El Nacional

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