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Rufino Cruz

Rufino Cruz

A ver Rufino: En estos días Minou se preguntaba qué serían hoy las hermanas Mirabal si no las hubieran asesinado y especulaba sobre su posible final glorioso en la ONU, o cualquier organismo internacional.

Y, pensé en ti y te pregunté: Y tu Rufino dónde estarías hoy si la Patria no hubiese llamado a tu puerta un 25 de noviembre, y una delgadita y bella mujer llamada Minerva, no hubiera tocado tu puerta, desesperada, porque el vecino que iba a llevarlas a Puerto Plata no podía manejar.

De seguro que cuando tocó la puerta tú estabas en los brazos de Delisa González Pantaleón, tu mujer, o acariciando a Milady Antonia, tu única hija, mientas Delisa te preparaba el café.

¿Pero cómo es eso de que solo tenías una sola hija?
De seguro estabas en trámites de resolver esa preocupación de tu madre, en las intimas madrugadas de Conuco, con esa neblina y ese friito tan bueno para el amor.
En esos tiempos se era feliz si se podía pasar de simple agricultor a mecánico, y aprender el oficio de chofer que sin saberlo te costaría la vida.

Vida simple esa, de joven (37 años) agricultor que un 26 de noviembre cumpliría 38. Vida hermosa esa de levantarse tempranito para ir al conuco a buscar los plátanos y la yuca del desayuno. Vida simple esa de esperar las Patronales, o la Navidad para bailar unos cuantos pericos ripiaos, con tu mujei aferrada por la cintura y la risa que provoca la felicidad del baile.
Eso hubieras sido: un agricultor sino feliz, vivo para contarlo.
¿Qué eras del 1J4? Lo dudo.

¿Qué conocías las conspiraciones de Minerva? Lo dudo.

Además, no necesitas haberlo sabido para ser un “héroe nacional”, más héroe aun que los implicados porque a ti lo que te llevó al sacrificio fue tu absoluta humanidad, tu solidaridad, tu don de gente, tus cojones de hombre serio que se conmueve frente al sufrimiento de las mujeres y da un paso al frente, aunque le cueste la vida.

Y eso, hermano mío, te hace inmortal, te coloca en el lugar de los héroes a quienes se les “recuerda sin llanto, se les recuerda en la tierra”, en el filo del machete, en el arado y “eso me hace pensar, que no han muerto al final, porque viven allí donde hay un hombre, presto a luchar, a continuar”, como cantaba Sarah González.

Entonces se que tu, de haber sido consultado sobre donde querrías estar en este 60 aniversario, de seguro dirías que con tus nietos, sentado frente a tu casa, mirando el amanecer y dando gracias por la vida, esa hermosa muerte cotidiana que te inmortaliza.

Por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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