Para la mayoría de los dominicanos, la Semana Santa representa una pausa en medio del trajin del día a día. Ese descanso es una oportunidad para que muchos se trasladen a nuestros destinos playeros o campestres, mientras que otros prefieren permanecer en sus hogares, disfrutando de la tranquilidad que caracteriza las grandes ciudades del país en esta época. Sin embargo, el verdero sentido de la Semana Mayor, es acompañar la Pasión de Jesús. Desde la Cuaresma vamos acompañado su sacrificio, que culmina con su muerte y glorisa resurrección.
En medio de un mundo turbulento, y particularmente un Occidente que luce lejos de sus raíces cristianas, lo que sin dudas lo ha debilitado ante un Oriente que luce unido y vigoroso, propongo que en estos días de Semana Santa, reflexionemos sobre nuestros origenes, que surgen precisamente de la Pasión de Cristo.
El orden mundial occidental fue fruto de la civilización cristiana. Gracias a ella se desarrollaron los grandes imperios que durante siglos dominaron este lado del mundo. Desde España hasta Reino Unido, lo que unía de alguna manera a todas las monarquias, imperios y gobiernos, era la cruz de Cristo.
Independientemente de la opinión que se pueda tener, o el credo que se pueda profesar, la Iglesia Católica continua siendo la institución milenaria con mayor solidez en el mundo. El propio Jesús, según el evangelio de San Mateo (16:18), establece esta realidad: “Y yo te digo que tu eres Pedro, y sobre esta piedra voy a construir mi iglesia; y ni siquiera el poder de la muerte podrá vencerla”.
En República Dominicana vivimos un período de relativismo peligroso. Justamente en su edición del 2 de abril del presente año, el semanario Camino, órgano de prensa oficial de la Iglesia Católica, advirtió en su editorial sobre esto:
“Estamos cayendo en un relativismo que espanta, en donde todo da igual, no importando los medios utilizados para alcanzar nuestros objetivos. De ahí que algunos vean como algo normal, lo que jamás podremos aceptar como válido”.
Las recientes acusaciones de corrupción que han sido llevadas a la justicia; los escándalos sociales que se han cualquierizado, como un profesor violando a una menor, el microtráfico, asesinatos, y otras desgracias que nos arropan como sociedad, necesitan ser enfrentadas por un liderazgo que levanta el estandarte de la moralidad y las buenas costumbres en nuestro país.
Necesitamos rescatar a la familia dominicana, a los valores que una vez nos adornarnos como el patriotismo, la solidaridad, la capacidad de asombro, la honradez y la lealtad.
Reflexionemos. Pensemos en nuestros origenes y en las virtudes que una vez hicieron de Occidente un ejemplo en el mundo.
Orlando Jorge Villegas
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