Opinión

Semana Santa y niñez

Semana Santa y niñez

Susi Pola

Hoy, Martes Santo, de una semana iniciada el pasado Domingo de Ramos, para el cristianismo y en gran parte del mundo, termina el mes de marzo y mañana, en plena Semana Mayor, empieza el mes de abril, dedicado a recordar la vulnerabilidad de la niñez.

Marzo termina en un día que nos recuerda el momento antes de la Pasión de Jesús, de confrontación y destacando la traición y la fragilidad humana.
¿Qué otra cosa puede ser, si no, tanta discriminación sostenida?
Especialmente en circunstancias en que se quiere decir que compiten las ideas, cuando en realidad, la pugna es por poder económico puro.

Para más de cien países, se recuerda el derecho de la niñez a ser protegida contra cualquier clase de explotación, respetada espiritual, física y moralmente, lo que destapa la realidad de un segmento poblacional vulnerable al poder de las personas adultas.

La evocación última es el 30 de abril, Día Mundial de la Infancia, en honor a la Declaración de los Derechos del Niño (1959) y a la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), el tratado internacional más ratificado de la historia, y también uno de los más violentados en los últimos años.

Para este 2026, el balance de la violencia en el conflicto en Medio Oriente y el Norte de África ha causado un daño devastador en la infancia, donde niños y niñas mueren, resultan heridos, son desplazados o detenidos, privados de sus derechos y de servicios esenciales, lo que altera y aniquila su infancia.

En América Latina y el Caribe, la salud y la vida de millones de NNA están amenazadas por la violencia desde edades muy tempranas. Como señala el director regional de UNICEF, millones de niños viven expuestos a la violencia en el hogar, la escuela y sus comunidades, enfrentando riesgos reales y constantes.

En países con políticas antimigratorias, racialización y actuación policial agresiva, como Estados Unidos, ha aumentado el estrés y trauma en menores, especialmente en procesos de deportación, traslado y detención, afectando su desarrollo y sus derechos básicos.

En República Dominicana, existe un conocimiento colectivo alarmante sobre cuánto sufren nuestros NNA, alcanzando un nivel de preocupación nacional.

Por eso decimos que Semana Santa es el momento de reflexionar.