Fueron sepultados ayer los restos del señor Lázaro Camino Corripio en el cementerio Cristo Redentor, en un ceremonial donde amigos y allegados expresaron su pesar por el fallecimiento de quien se caracterizó por su afabilidad, honorabilidad y respeto.
El señor Lázaro Camino Corripio falleció el pasado sábado en su residencia del Distrito Nacional, acompañado de sus familiares más cercanos. Tenía 94 años.
Sus restos fueron expuestos en la funeraria Blandino de la avenida Abraham Lincoln, donde el sacerdote jesuita Javier Vidal ofició una misa de cuerpo presente y resaltó su humildad y don de servicio.
Le sobreviven su esposa, Elia Lucía Alonso, viuda Camino; sus hijos Fernando, María Isabel, Beatriz y Juan Carlos, quien es el administrador de los periódicos Hoy, El Nacional y El Día, y sus nietos María Fernanda, Eduardo, Adriana, Juan Carlos, Alejandro, Javier, Leonardo, Teresa, Daniella, Sebastián y Axel.
Por más de 51 años Camino Corripio laboró en la empresa automotriz La Técnica S.A, que distribuye en el país la marca Peugeot, donde se ganó el cariño y respeto de clientes y colaboradores por su afabilidad y buen trato.
“El dolor que nos provoca su partida está más que compensado con el gozo de que Dios nos haya permitido disfrutarlo durante su larga vida a todos los miembros de nuestra familia”, dijo su hijo Juan Carlos.
Ejemplo. “Nuestro padre fue un ser extraordinario, que nos forjó e iluminó con su ejemplo de amor y bondad que le dispensó a todos aquellos que le conocieron”, expresó la familia Camino Alonso, tras agradecer a quienes asistieron a la funeraria o expresaron su pesar por diferentes vías, puesto que la pandemia de la covid-19 no les permitió su asistencia física.
“No tuvo una vida fácil en la primera mitad de su existencia, pues el destino le tenía reservado la realización de una serie de periplos de viajes y estadías en diferentes países, hasta que finalmente logró asentarse con su familia en esta bendita tierra de República Dominicana”, manifestó.
Afirmó que “se ha ido físicamente un hombre medularmente bueno, amoroso, de fe, fiel, trabajador, complaciente y protector para su esposa, hijos y nietos, a los que amó profundamente hasta el último suspiro en vida”.

