Si yo fuera presidente, mi gestión estaría centrada en cinco aspectos fundamentales: Educación, Ciencia y Tecnología, Salud, Alimentación, Energía y Seguridad Ciudadana, sin descuidar la vivienda y el empleo.
El Estado sería más pequeño, pero no menos importante.
Nombraría una comisión integrada por hombres y mujeres de reconocida solvencia moral y vocación de servicio para investigar todas las denuncias de prevaricación. Invertiría el fardo de la prueba de tal manera que los funcionarios y ex funcionarios de los últimos diez o quince años tengan que demostrar la procedencia de sus bienes. No sería el Ministerio Público quien tendría que demostrar su inocencia, será el imputado quien tendrá que explicar cómo obtuvo sus bienes desde una posición pública.
Si yo fuera Presidente sería implacable con los corruptos. Con el dinero que se han robado, podríamos invertir en educación, ciencia y tecnología, no el 4% que Leonel Fernández no quiere dar, sino el cinco y hasta el seis por ciento del Producto Interno Bruto. Evitando el robo descarado de cien mil millones de pesos todos los años, podría invertir, repito, en educación, viviendas, energía, y otras áreas que contribuirían al desarrollo nacional.
Si yo fuera presidente la declaración jurada de bienes no sería una expresión más de la corrupción y el engaño.
Si yo fuera Presidente hace tiempo que el país no tendría un solo analfabeto.
Le quitaría el carácter militar a la Policía, convirtiéndola en una entidad profesional al servicio de la justicia, no del crimen y la delincuencia.
Y no sería un lacayo del gran capital nacional y extranjero. Negociaría la deuda externa, pediría una gracia, evitaría los préstamos para obras no productivas.
Si yo fuera Presidente tendría un Plan de Nación que oriente mis pasos hacía el desarrollo.
Si yo fuera Presidente encabezaría un gobierno decente, que se respete y respete al pueblo.
Pero el presidente es otro. ¡Qué vaina!

