RICARDO RODRIGUEZ ROSA
El Nacional
SANTIAGO.- Teolinda Páez Tineo, una mujer de 102 años, 50 de ellos dedicados al magisterio, formando en el nivel primario a miles de niños, muchos de los cuales hoy son profesionales universitarios, ve discurrir el paso del tiempo en su humilde casa del sector La Lotería, de aquí, amparada en una pensión de siete mil pesos mensuales.
El primero de noviembre de 1906 nació Teolinda en la comunidad Marilópez, de este municipio, y apenas con 19 años de edad comenzó a impartir clases en la escuela de la comarca, dando inicio de esa forma a lo que ella llama con orgullo una dinastía de profesores dentro de la familia.
Nunca tuvo hijos ni contrajo matrimonio, porque prefirió asumir la responsabilidad de ser soporte de otras tres hermanas menores (Luz Altagracia, Blanca y Venecia) labor que, en adición a su trabajo de maestra, priorizó antes que decidir formar su familia.
Las cuatro se convirtieron en maestras y posteriormente dos sobrinas de ella también se interesaron por servir como educadoras. De ahí que doña Teolinda hoy diga con orgullo que dio inicio a una dinastía de maestros dentro de su familia.
Sus padres, Manuel Páez y Dionisia Tineo, dos campesinos de Marilópez, apenas recibieron las primeras enseñanzas escolares, por lo que estima que el interés mostrado por ella, sus hermanas y sobrinas por ser maestras, partió de su tío Francisco Peña Páez, uno de los primeros educadores que tuvo ese lugar.
En los 50 años que ejerció el trabajo de maestra, doña Teolinda laboró sólo en las escuelas de su natal Marilópez y en la Ana Josefa Jiménez, siempre a nivel primario. Su jubilación se produjo en 1979 con 125 pesos mensuales. Casi 30 años después su pensión apenas alcanza los siete mil pesos.
A pesar de sus 102 años de vida, doña Teolinda conserva una lucidez envidiable, hasta el extremo de que recuerda sin dificultad nombres, lugares y acontecimientos de sus años de juventud como si hubieran acaecido ayer. Fue alumna de maestros como Juanito Infante, Anacaona Almonte y Sergio Hernández y se graduó como maestra normal en el colegio Ercilia Pepín, quien también fue una de sus formadoras.
Nunca ha tenido que utilizar lentes para leer y parte de su tiempo lo utiliza en la elaboración de cartas que envía a familiares y amistades, fundamentalmente residentes en el exterior, a través de las cuales mantiene contacto permanente con ellos.
Los tantos años que tuvo educando a niños de esta ciudad (desde 1925 hasta 1979) le confieren a doña Teolinda la calidad suficiente para enjuiciar la educación y el interés por estudiar de los menores de hace 50 años y los de ahora.
No titubea un instante al afirmar que el sistema educativo de estos tiempos es mucho mejor que el de antes, especialmente porque ahora se cuenta con novedosos métodos de enseñanza, pero que los alumnos antes eran más aplicados porque no existían tantos entretenimientos que en la actualidad disgregan la atención de ellos y no permiten la concentración deseada en los estudios.
Desde 1975 reside en el sector La Lotería, gracias a que el entonces presidente Joaquín Balaguer le donó la vivienda, donde reside con un sobrino y su esposa, quienes le sirven de soporte tanto económico como afectivo.

