Nadie como Ivelisse Prats de Pérez había reivindicado con tanto entusiasmo la condición de educadora ni expuesto su pensamiento político con lucidez contagiosa. Su prolongada carrera magisterial y su inagotable lucha a favor de la justicia social la convirtieron en un auténtico símbolo nacional.
A los 89 años sus ideales eran vanguardistas y hasta su último hálito defendió con energía las mejores causas.
Ejerció la docencia, fue fundadora y presidenta de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), ministra de Educación y diputada, además de prominente dirigente del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Cultivó la poesía, escribió libros, levantó una familia y sacando energía dirigió el Instituto de Formación Política José Francisco Peña Gómez.
Con su muerte no solo los familiares y el PRM ven apagarse una un faro de luz, sino la nación dominicana.