Opinión

Sin dudas, xenófobos

Sin dudas, xenófobos

Y no hablo de abierta separación, esclavitud, persecución exterminio y otras manifestaciones extremas de xenofobia, pero la realidad es que en República Dominicana existe racismo en perjuicio de los  haitianos. Y es tan irritante como el racismo que hay en Estados Unidos o España contra los hispanos.

Ya es tiempo de dejar las poses y querer rasgarse las vestiduras cada vez que nos lo dicen desde afuera. Debemos ser objetivos, porque la realidad es que los dominicanos, más para mal que para bien, hemos sido criados para talvez no odiar, pero sin dudas no  amar o respetar a nuestros vecinos de aquel lado.

 

 A la fecha, nadie ha encontrado curioso  que en nuestra historia, la  que nos enseñan en las escuelas, los períodos cuando España rigió sobre este pedazo de isla se le llamaron “Período de La Colonia”, “España Boba” y “La Anexión”, cuando fueron los franceses se llama “El Período Francés” y cuando fueron los Estados Unidos se estudia como “Las Ocupaciones Americanas”. Pero al período en que fuimos gobernados por Haití se le llama “La Dominación Haitiana”, la más hostil de todas las denominaciones empleadas  para definir las  ocupaciones extranjeras a esta media isla, aplastando todo aquello de que en ese momento se abolió la esclavitud, se organizó la administración del Estado, se implementó el Código Civil todavía vigente y  se organizó la economía.

Por igual, el indiferente trato  a la matanza de los haitianos en 1937, apenas una nota al pie de la Era de Trujillo y muchas veces justificada por nuestros historiadores; así como las hasta hoy minimizadas campañas anti-haitianas de las décadas subsiguientes. Ignoramos que actos genocidas de ese tipo casi no tienen igual en la historia de Latinoamérica.

Hoy se escucha a  comentaristas denostando el gentilicio haitiano, a políticos  tratando de establecer políticas para afectar a los haitianos residentes en este país, y a toda una opinión pública volcada  contra  los derechos de los haitianos ilegales.

Tenemos demasiado tiempo enfrascados en una política de total desentendimiento de lo que ocurre en Haití,  de qué hacer con los millones de haitianos que viven de manera legal e ilegal acá, y hasta de lo que se habla y enseña acerca de ellos en nuestras escuelas y universidades.

 Con un estimado de dos millones de haitianos residentes en República Dominicana y contando, con encontronazos constantes movidos por motivos xenófobos que han costado la vida a decenas de haitianos y dominicanos en los últimos años, con un comercio caracterizado por su informalidad y semi paralizado por las patrañas del Gobierno haitiano, es evidente que nada de lo que se ha hecho ha servido de algo.

Debemos asumir con responsabilidad  que Haití siempre será nuestro vecino y único país con quien compartiremos frontera, y que ignorarlos o afrontarlos con políticas absurdas, irracionales e irresponsables sólo nos ha hecho más daño.

Es tiempo de dejar los mitos, misticismos, prejuicios y odios injustificados y comenzar a darle a Haití la atención que desde nosotros merece. De no hacerlo, vamos a terminar arrastrando su desastre hasta que termine de hundirnos.

El Nacional

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