En lo inmediato, no se vislumbra ninguna salida a la crisis política hondureña. La única forma de reponer el daño institucional ocasionado con el golpe de Estado, era reponiendo en el poder a Manuel Zelaya y no celebrando nuevas elecciones en un ambiente de quebrantamiento constitucional.
En todo momento, sin embargo, la derecha hondureña resultó desafiante, sin escuchar el pedido unánime de la comunidad internacional, en el sentido de reponer a Zelaya. Para nada se rectificó el yerro y hoy procura un acercamiento con los países de la región que resultará difícil alcanzar.
En las próximas horas se reunirán en nuestro país Manuel Zelaya y Porfirio Lobo, con la mediación de Leonel Fernández. Pero por buenas que sean las intenciones del jefe de Estado dominicano ¿qué puede hacer en un caso consumado y que por más alternativas que se barajen no se vislumbra salida alguna?
Zelaya sigue abogando por su reposición, lo que luce improbable y hasta de poco sentido por los días que, constitucionalmente, estaría gobernando. Y Lobo lo que busca es reconocimiento como presidente electo.
Ya los países de Mercosur, en cumbre reciente celebrada en Montevideo, decidieron desconocer las elecciones realizadas el pasado 29 de noviembre en Honduras. Con los gobernantes de esos países el señor Lobo no tiene nada que buscar, porque todos se caracterizan por la firmeza.
Consciente de esa situación la derecha hondureña estaría procurando entendimiento con gobiernos sin ideología definida, como es el dominicano, pero Leonel no necesita involucrarse en entierros donde no tiene velas, de posiciones dualistas, ganándose gratuitamente la desconfianza de presidentes de izquierda. Además, ¡ahí no hay salida señores!
