El presidente Luis Abinader transformó una crisis en una victoria al sintonizar con la gente no solo al dejar sin efecto los onerosos gravámenes para aumentar las recaudaciones que se necesitan para relanzar la economía, los programas sociales y la crisis sanitaria, sino con las acciones que anunció para recuperar el patrimonio sustraído del erario.
Entre las medidas el mandatario pasó por alto la reducción de los sueldos de los funcionarios y la eliminación del barrilito y los privilegios de los legisladores, pero la supresión de los gastos de representación evidencia un sincero deseo de sacrificio arriba para aliviar la carga de los que están abajo.
Las decisiones adoptadas por Abinader podrán tener muchas lecturas, pero al tomarse en medio de la indignación contra la carga impositiva y el desánimo que cundía en la población por la aparente lentitud en los expedientes de corrupción se presenta como un gobernante receptivo, que escucha los latidos de por lo menos sectores importantes de la sociedad.
Sin dejar de reconocer que la justicia penal tiene su propio ritmo, que no puede alterarse por influencia externa, el mandatario tocó casos que parecían engavetados, como los sobornos por 39. 5 millones de dólares que pagaría el consorcio Odebrecht para la construcción de la termoeléctrica de Punta Catalina y otros 15.8 millones para otras siete otras obras que las pasadas autoridades no investigaron.
A fines de junio de 2019 el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación reveló que la constructora había ocultado los pagos al declarar que en el país solo se habían erogado 92 millones dólares para sobornos.
La entidad descubrió que el consorcio brasileño había utilizado los alias Boticario, Casa 1, Casa 2, Chacabana, Chaplin, Tigres, León Árabe, León Chacara, Forcao y Grupo Fechament para disfrazar las transacciones.
La compañía, que admitió las operaciones ante la justicia de Brasil y Estados Unidos, confesó cuando estalló el escándalo que había informado a las autoridades dominicanas, en virtud del acuerdo de lenidad, la identidad de los beneficiados y los detalles de los pagos.
Sin embargo nada se sabía sobre la suerte del escándalo hasta que el Presidente lo tocó en la alocución en que también anunció que se contratarían abogados para iniciar la recuperación del patrimonio sustraído al Estado en pasadas administraciones.
Con tantos escándalos todavía en el aire era un crimen poner el pueblo a pagar el peso de la crisis económica. Gracias que el mandatario lo entendió, aunque fuera en medio de presiones. Y también el clamor, no de venganza, sino de justicia.
En el caso de los seudónimos se llegó a pensarse en fábulas como la del cazador, que teniendo la presa en la mira, decidió no dispararle por miedo al cadáver.

