Al arreglárselas para escapar de una cárcel de máxima seguridad de Puerto Rico, el capo perseguido por el caso de los 4.6 millones de dólares podrá ser un experto en falsificaciones, pero eso no quita que el país sea muy vulnerable a la suplantación de identidad.
Es al menos lo que evidencia un rosario de escándalos que van desde actas irregulares expedidas a favor de prospectos firmados por equipos de Grandes Ligas, hasta las tres cédulas con distintas identidades que pudo agenciarse el boricua José D. Figueroa Agosto.
Las autoridades no son ajenas al problema, como prueba una denuncia del juez electoral John Guiliani en el sentido de que los deportados de Estados Unidos conseguían suplantar su identidad con diferentes propósitos.
Sea por la flexibilidad en el proceso de declaraciones tardías o por audacia de los falsificadores, pero la realidad es que el registro civil es altamente vulnerable.
Además de las tres identidades del puertorriqueño Figueroa Agosto, viene a colación el caso del colombiano Héctor de Jesús Rodríguez Espinosa, solicitado en extradición por Estados Unidos y quien al momento de su detención tenía, según la Dirección Nacional de Control de Drogas, una cédula dominicana.
Si República Dominicana no es un paraíso para falsas identidades, puede que vaya por ese camino. El escándalo con el acta de defunción a nombre del cubano-estadounidense Antonio Armando Caballero Fernández, quien habría fallecido en una avioneta que se precipitó próximo a la base de Las Calderas, en Baní, es otro caso que activa la alarma.
Al suspicaz cambio de identidades se agrega la aparente facilidad, como en el expediente del boricua buscado por la confiscación de los 4.6 millones de dólares, para portar carnés, legítimos o no, de organismos como el Departamento Nacional de Investigaciones (DNI). Como si todo fuera parte de una gran red o, simplemente, como se afirma, que en este país con dinero todo se puede, los escándalos no pueden ser más alarmantes.

