LONDRES. (BBC Mundo). Muchas eran las dudas sobre el futuro de Irak después de la retirada de tropas de Estados Unidos. El futuro ya es hoy y las dudas se transforman en preocupación. Este viernes se reporta que al menos 63 personas murieron y 185 más resultaron heridas en una serie de ataques explosivos en diferentes partes de Bagdad, la capital.
Aunque ningún grupo se ha atribuido los ataques -la mayoría, pero no todos, en zonas sunitas- la gran pregunta -y el temor- es si se trata de ataques sectarios.
En la semana transcurrida tras el retiro oficial de las tropas estadounidenses de Irak, las fricciones sectarias han parecido aumentar. Se han presentado incluso en las más altas instancias políticas y algunos temen que ponen al gobierno de unidad, y por ende al país, al borde la ruptura.
El vicepresidente Tariq al-Hashemi se ha refugiado en la región autónoma kurda para eludir un requerimiento judicial por supuestos cargos de terrorismo. El primer ministro Nouri al-Maliki, de extracción chiíta, es visto como el responsable de esta decisión de la justicia iraquí contra el más importante político sunita.
La consecuencia política inmediata fue la retirada total de los miembros del parlamento y del gabinete que forman el bloque al-Irakiyya, al que pertenece Hashemi. La preocupación en Occidente es que las consecuencias se trasladen de la esfera política a la calle.
«Es como un mensaje del Gobierno de Maliki a la comunidad sunita diciéndoles que es mejor aceptar que no tienen más que una posición de segunda clase en este país», opina Noah Feldman, ex asesor de la Autoridad Provisional de la Coalición, el órgano que dirigió el país después de la invasión aliada liderada por Estados Unidos.
En la Casa Blanca tienen una preocupación similar sobre el accionar del primer ministro iraquí. De hecho el vicepresidente, Joe Biden, lo llamó por teléfono para instarlo a resolver las disputas sectarias.
Jim Muir, analista de la BBC, cree que el país podría sufrir «una partición de facto como parte de una balcanización más amplia de la región».
Por su parte, Feldman cree que el gobierno nacional creado bajo presión de Estados Unidos y Reino Unido no es algo con lo que estén comprometidos los líderes del país. De hecho el experto en la región también considera la posibilidad de una ruptura en un escenario futuro. Y para ello pone como ejemplo la región kurda.
«Los kurdos han estado jugando un juego muy largo e inteligente», explica a la BBC. Para el experto han mostrado una actitud expectante pero que podría romperse si chiítas y sunitas empiezan a matarse unos a otros. Eso los llevaría a tener «otro país». «Creo que ven estos hechos como un paso adelante en esa dirección», considera.
Además, resalta que no es ninguna coincidencia que, apenas se libró la orden de arresto, el primer lugar donde Hashemi buscó resguardo fuera en el Kurdistán. El propio presidente regional, Massud Barzani, habló de un posible «colapso» del país.
Tampoco le parece una coincidencia que todos estos sucesos tengan lugar casi inmediatamente después de la retirada de tropas estadounidenses. «Maliki escoge el momento para enviar su mensaje», opina Feldman.
Por su parte, Hashemi se ha defendido desde el Kurdistán, alegando que las acusaciones son «fabricadas» y que no ha hecho nada en contra de Irak.
El analista da tres posibles escenarios para el futuro de Irak. Uno es que la comunidad sunita acepte que «no tendrá un papel principal en el show». Eso significa que los líderes acepten «un estatus de minoría de segunda clase así como los chiítas fueron tratados como de segunda clase con Saddam».
La segunda posibilidad que Feldman ve para el devenir iraquí es una ruptura de baja intensidad. «Una región sunita emergente, similar a la kurda, y apoyada» por ésta. Lo positivo de esta senda es que cada grupo se retraería a su propia región sin «una gran guerra civil».

