Con las escandalosas fallas del voto automatizado, que obligaron por primera vez en la historia a la suspensión de unas elecciones, se confirmaron los temores expresados hasta por la Fundación Internacional de Sistemas Electorales (IFES) a través de sus recomendaciones para evitar que el sistema pudiera ser manipulado por algún pirata.
La entidad que realizó la evaluación de los aparatos que se utilizarían en las votaciones de ayer –no auditoría, como aclaró- sugirió a la Junta Central Electoral (JCE) que por asunto de seguridad el Banco Central u otra institución pública fuera agente custodia del código fuente final, el ejecutable, la base de datos y el valor hash del sistema del voto automatizado.
Los equipos, a través de los cuales se computaría el 60% de los votos en los 18 más grandes municipios, tuvieron que presentar las fallas para que las autoridades electorales comprendieran la advertencia. Hasta el momento confiaban en las informaciones y las pruebas técnicas de que el sistema operaba a la perfección y de que no habría posibilidad de alguna de un sabotaje que interrumpiera o cuestionara el proceso. Hoy, aunque me niego a aceptar que los miembros de la JCE fueran cómplices de alguna irregularidad, muchos se valdrán del percance para cuestionar su labor y su trayectoria hasta en términos personales.
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con su defensa a ultranza de los equipos y su llamado a confiar en el tribunal, contribuyó a alimentar la percepción de un fraude. Y aunque una cosa no tenga que ver con la otra, el algoritmo denunciado por Leonel Fernández en las primarias del PLD ha resucitado o reforzado la creencia de que en el proceso se cometió un fraude.
No deja de llamar la atención que en decenas de mesas, al menos en el Distrito Nacional, Santiago y el Gran Santo Domingo, en el sistema solo aparecían los candidatos oficialistas y no los de la oposición. Lo mismo se daba con conocidos dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y de Fuerza del Pueblo que, según ellos, no figuraban el sistema de voto automatizado.
Con la suspensión de las votaciones, el presidente de la JCE, Julio César Castaños Guzmán, anunció una investigación para establecer responsabilidades sobre el vergonzoso percance. Pero debe saberse que la investigación no tendría el menor crédito a menos que la realicen técnicos internacionales.
Y en cuanto al sistema automatizado, que tanto dinero ha costado al contribuyente, lo mejor es que se olvide de una vez y por siempre. Con tal que se garantice la pulcritud de las votaciones que se vuelva a los “desacreditados” es la mejor opción. Después de todo, países que se suponen desarrollados utilizan el método para contar las boletas.

