A partir de la segunda semana de diciembre comenzó a sentirse la brisa navideña para algunos artistas, en especial para merengueros y bachateros, quienes tradicionalmente hacen su agosto este mes.
Pero esa brisa se ha convertido en un ventarrón que se ha llevado de paro algunas fiestas públicas que tenían como protagonistas a líderes del merengue callejero y del tradicional. Y es que, ciertamente, el horno no está para galleticas y eso lo han tenido que confirmar figuras sólidas de la música, las cuale se han puesto a inventar con el montaje de fiestas que no han resultado como esperaban.
Si no es por las fiestas privadas los artistas dominicanos no habrían tocado más de cinco o seis bailes.
La grave situación económica por la que atraviesa la mayoría se siente a pesar de la entrega del tradicional doble sueldo. Y esto, de alguna forma, se refleja en la poca asistencia de parroquianos a los centros de diversión. Aunque existen contadas excepciones, la debacle de las fiestas privadas es una realidad. La pava ya no pone donde ponía.

