Desde hace unos cuatro días decidí tener menos incidencia en las redes sociales, evitar lo más posible resolver asuntos por el bbchat, y al hacerlo circunscribirme a las necesidades propias de mi profesión.
Y es que cuando se hace un stop y se analiza con conciencia cómo nos van arrastrando estas herramientas, necesarias hoy día para cualquier profesión, más no así para los asuntos personales, nos damos cuenta que vamos dejando detrás cosas más importantes para el alma que una simple e insulsa conversación.
He visto cómo la gente se ha ido deshumanizando y convirtiéndose en instrumentos autómatas de unas herramientas a las que hay que sacarle mejores provechos y en su momento.
Y mi decisión se fortalece más al enterarme de dos experiencias dolorosas que tienen como protagonistas a amigos por los cuales siento un cariño especial, y cuyas principales causas son las redes sociales.
Una pareja amiga, muy querida, tomó la decisión de divorciarse. No hay terceros humanos de por medio para esta imparable decisión, más que el uso y abuso contínuo de twitter, facebook, y el chateo en el bb.
Por otro lado, otra pareja de amigos, uno de ellos amigo de infancia, terminó su relación porque se acostumbraron tanto al chateo que salían a compartir una cena, o al cine, y cada uno por su lado chateaba con todo ser vivo, mientras entre ellos la conversación era nula.
Y así va el mundo hoy día, el ser humano se ha fanatizado con las redes sociales y el chateo a través de los teléfonos celulares que van perdiendo lo más importante en una época que se vive tan a prisa, el contacto físico con sus congéneres, la conversación amena, el disfrute de la felicidad, el asir de la mano las amistades sinceras, las relaciones plenas, para aventurarse en tiempos de ocio que van postergando los mejores momentos con quienes verdaderamente forman parte de nuestra razón de ser.

