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“Todos estamos viviendo el sueño”

“Todos estamos viviendo el sueño”

HOUSTON, Texas.– En un corredor a un lado de la celebración a la cual nadie quería poner fin, el hombre que abrió el partido que le hizo acreedor a los Washington Nationals de un título de Serie Mundial puso su brazo alrededor del hombre que lo cerró. Max Scherzer es uno de los pitchers más grandes de esta generación, un perfeccionista a carta cabal, cuyos ojos revoloteaban con energía nerviosa.

Daniel Hudson es un pitcher relevista veterano que estaba desempleado en marzo pasado y quien, de alguna manera, se encontraba aquí, en medio de la historia.

Unos lentes de natación negros cubrían los ojos de Scherzer. Cuando se los quitó, tenía lágrimas, que no eran producto de las quemadas producto de los baños de champagne, sino de la emoción que bombardeaba sus amígdalas.

Había ocurrido. De verdad, había ocurrido. Tres días antes, se suponía que Scherzer iba a ser el abridor del Juego 5, hasta que su cuello se inmovilizara al punto de que éste no podía mover la cabeza.

Dos días antes, oraba con la esperanza de que una inyección de cortisona y un tratamiento quiropráctico le dieran alguna especie de alivio. Un día antes, vio como los Nationals salvaban su temporada y le obsequiaron una oportunidad de redención.

Y en la jornada del miércoles, se puso sobre la loma en el Juego 7 contra los Houston Astros, enfrentándose al más cruel de los dilemas: ganar un campeonato o perderlo todo.
“Pudo haber sido cualquiera”, dijo Scherzer.

“No, no pudo haber sido cualquiera”, le respondió Hudson.

“Hice todo lo que pude”, dijo Scherzer. “Sólo formo parte de este equipo. No soy más grande que todo este equipo. Simplemente, soy el hombre a quien le fue encargada la pelota y abrió el partido”.
Nuevamente, las lágrimas comenzaron a correr por sus ojos.

El Nacional

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