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Toma de posesiones

Toma de posesiones

Susi Pola

Susi Pola susipola@gmail.com

Si quienes son candidatos a diferentes posiciones, supieran la sensación de rechazo que producen en las personas, con sus gestos, discursos, acciones, etc., cuando se muestran como ganados y ya en las diferentes “tomas de posesión”, se cuidarían un poco más de lo que muestran, dicen y hacen.

Algunos años atrás, a estos nuevos elegidos o encomendados, solía vérseles al comienzo de sus funciones, apocados y cohibidos, hasta humildes y modestos, al principio y a medida que se afianzaban en el poder, empezaban a sacar sus peores prepotencias.
Ahora, hay un verdadero “tigueraje” que asume cargos y lo hace desde su peor cara de despotismo y autoritarismo, aún en tiempos de elecciones, pero entre negociaciones internas y externas, la capacidad de candidatearse detrás de otros y otras, más las pocas alternativas de la gente votante, se están montando en el tren del poder, personas que no cumplen las mínimas expectativas para hacerlo.
Malos son los partidos que lo permiten, junto a la Junta Central Electoral y a toda la institucionalidad de la democracia dominicana que, débil, muy débil, apenas puede caminar.
Al terminarse la semana pasada, asumieron sus puestos municipales quienes fueran elegidos y elegidas para las diferentes funciones y las reseñas en la prensa, mostraron la manera en que cada persona elegida se manifestó a su gente.
Un video en las redes mostraba a un compañerito en el vehículo que le fuera arrebatado al saliente alcalde de Puerto Plata, contando como el poder ahora “era de ellos” y que, “es bueno que lo sepan”, fue deprimentemente viral y al parecer, su partido lo va a sancionar por ese desagradable hecho. Ojalá, porque una persona tal, no califica para político en una verdadera democracia.
El otro ejemplo demoledor y vergonzante, reseñado por la prensa, filmado y circulado, es el del alcalde electo de Cotuí, Bievenido Lazala (Ñeñé), del mismo partido que el desafortunado captor del vehículo en Puerto Plata, quien asumiendo sus funciones expresó que, “lo primero, es cancelar a todo el personal de este ayuntamiento a partir de este momento”. En declaraciones que le increpaban, luego, aclaró: “Cuando hablé de muchas cancelaciones, en realidad me referí al 60 % de una nómina paralela e ilegal que tenía el alcalde anterior”.

Una persona funcionaria o elegida, debería tener un perfil de consideración, deferencia y humildad, con capacidad de entender que es una empleada del pueblo, a quien le debe el mayor de los respetos. Como lo hizo, por cierto, la primera alcaldesa del Distrito Nacional, compañera del mismo partido de estos dos fracasos comentados.

El Nacional

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