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Tormenta pasajera

Tormenta pasajera

Los nubarrones no eran propiamente de tormenta, pero sí para preocuparse que por la pandemia del coronavirus tuvieran que aplazarse las votaciones en el exterior.

La posibilidad fue aprovechada para articular una campaña con el propósito de que, por las mismas razones que para el sufragio en el extranjero, se suspendieran las elecciones del 5 de julio. El interés era muy evidente por más argumentos jurídicos que se enarbolaran. Este país podrá ser racialmente indefinido, pero no tonto.

Aunque el panorama no era el más despejado el dominicano ausente iba a votar de todas formas, sea de manera presencial, virtual o por correo.

Por la indecisión de la Junta Central Electoral (JCE), que esperó mucho tiempo para emitir la proclama, la atmósfera se cargó más todavía. Tuvo que darse una secuencia de acontecimientos antes de que se hiciera la proclama. El gobernador de New York y las autoridades de otros estados norteamericanos autorizaron las votaciones presenciales en sus jurisdicciones, aunque con la condición de que se respetaran las medidas sanitarias contra el coronavirus para evitar la propagación de la pandemia.

Todavía quedan resquicios de malestar, sobre todo porque algunos países no se han pronunciado sobre el sufragio en su territorio, pero puede afirmarse que los principales obstáculos han sido removidos.
No se pueden negar los nubarrones, pero no la tormenta que se presagiaba. Era más bien lo que se quería a fin de que se creara un ambiente propicio para frustrar las elecciones congresuales y presidenciales. Con la suspensión de las municipales de febrero y la posposición de las programadas para el 17 de mayo podía ser factible una tercera posposición por conflictos legales.

Las consecuencias para la imagen del país era lo que menos importaba a esos para quienes los intereses particulares se interponen sobre las nacionales. El temor podía ser la reacción de Estados Unidos, pero cualquier intervención del Gobierno norteamericano no pasaría de reclamar que se actúe con apego a la Constitución y las leyes. Como en otras ocasiones.

Entre los muchos aspectos que se soslayaron está el hecho de que la JCE no podía ni estaba dispuesta a fracasar sobre las votaciones en el exterior. Los miembros, que ya tuvieron bastante con las protestas sobre la cancelación de las municipales de febrero, no cargarían con ese fardo bajo ninguna circunstancia.

De prestarse al absurdo no solo darían al traste con su trayectoria profesional y ciudadana, sino que hubieran cargado para el resto de su vida con una mancha indeleble. Al representar alrededor del 8% del total del electorado los nubarrones sobre el voto en el exterior sugerían preocupación, aunque al final la tormenta fuera pasajera.