Pedro P. Yermenos Forastieri
pyermenos@yermenos-sanchez.com
A propósito de la derrota del PLD, releí mi carta renunciando del mismo el 27-9-2007. Mi convencimiento de que ese partido perdería ascendencia popular lo había establecido bastante antes. Por análisis equivocado, retrasé mi salida con la ilusión de que a su interior surgiría la corriente de pensamiento capaz de revertir la ruta hacia el abismo.
Tomé mi decisión no obstante la certeza de que esa entidad continuaría en el poder en elecciones de mayo 2008. La hecatombe tardó en llegarle más de lo supuesto, pero jamás dudé de que el PLD cavaba su sepultura porque lejos de avanzar en la dirección de edificar la sociedad por la que en sus inicios proclamaba luchar, se estaba quedando atrás de un conglomerado que tomaría conciencia de los desmanes y actuaría en consecuencia.
El PLD recibió la lección merecida
Llamaron mi atención los párrafos finales de la carta. No me alegran, por el costo pagado por la nación. Los transcribo:
“Me marcho con tristeza profunda, pero sin frustraciones. Más temprano que tarde, cuando este pueblo acceda a mayores niveles de capacidad de respuesta ante las hábiles estratagemas que lo mantienen sometido, sabrá colocar las cosas en sus lugares precisos y dará al PLD la lección merecida. En ese momento no asumiré ninguna cuota de responsabilidad por las abdicaciones a los postulados fundamentales que le dieron origen a un proyecto político digno de mejores resultados. Las constantes advertencias en todas las instancias posibles sobre el riesgo inminente que se corría; la firmeza de criterio; mi fidelidad a los principios y esta carta escrita con conciencia plena, me servirán de escudo.
Renuncio de un Partido, pero no de la actividad política, la cual ejerzo por vocación y convicción, no por coyunturas ni pretendiendo dotarme de oportunidades mágicas. Estoy persuadido de que en el país existen las voluntades suficientes para aglutinarse en torno a ideas creativas, provistas de la aptitud requerida para proponer una alternativa que, al fin, rompa con el círculo vicioso que ha representado una actividad ejercida a partir de las peores motivaciones. Iré en busca de ellas y arrimaré mi hombro a sus ilusiones, sin importar que mis fuerzas se agoten en el intento. Prefiero mil veces luchar en unión a quienes comparten mis sueños, que padecer la pesadilla de un poder que al fin y al cabo no servirá para nada que no sea la perpetuación de los males que cercenan las posibilidades de engrandecer la patria.”

