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Un año maldito

Un año maldito

El año 2020, tan espantoso como cruel, ha golpeado salvajemente y sin cesar a las personas sin importar que usted sea rico o pobre, alto empresario o simplemente un humilde obrero, servidor público o privado, chiripero o desempleado, profesional o técnico, intelectual o analfabeto; mucho menos le ha interesado, absolutamente para nada, la comunidad cristiana de su preferencia.

El asombro exige prudencia y constante oración para la salvación. Nos toca clamar al Señor y reflexionar en positivo para que este desdichado año se aleje velozmente y nunca más intente asomarse con la intención de hacer daño a los habitantes de esta hermosa isla caribeña.

El año que termina, merecidamente, ha de ser bautizado y reconocido como un año maldito. ¿Cuántos gemidos y cuántas lágrimas? ¿Cuánto desempleo y cuánta hambre? ¿Cuántas vestimentas de duelo y tristezas inesperadas? Han sido doce meses de dolores por doquier; crisis provocadas, un año trágico.

Hemos tenido que aprender a resistir los embates de una pandemia que recorre el mundo. Nos ha obligado a vivir en confinamiento en nuestros hogares como si fuéramos portadores de muertes. Mantiene acorralado y asustado a la inmensa mayoría de los dominicanos; independientemente de los resabios y la ignorancia de aquellos que no respetan a sus familiares y mucho menos a las autoridades.

Nunca antes, los dominicanos y las dominicanas, habíamos sentido el peso ensangrentado de tantas desgracias. A pesar del dolor, nos hemos convertido en testigos de primera fila de cambios dramáticos en términos políticos, económicos, sociales, climáticos y etcétera. El lamento lastimero es extendido. A gritos deseamos que jamás vuelva. Y fue tan maldito el año 2020 que hasta se llevó a mi esposa, Mayra Minaya.

Por: Oquendo Medina

oquendomedina@hotmail.com

El Nacional

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