Danilo Medina mete la cabeza en el agujero del Palacio Nacional en procura del favor del presidente Fernández, dueño y amo del PLD. No hace mucho, acudió a la firma de un pacto por el 4% del Producto Interno Bruto para la educación. Luego Leonel, para demostrar su fuerza, dijo que no. Y así lo hizo consignar en el presupuesto, violando la Constitución y las leyes.
La virtual candidata vicepresidencial, Margarita Cedeño, también hizo lo mismo. Pero Danilo no dijo, ni ha dicho nada sobre el tema. De nuevo guarda silencio y se esconde.
¿Puede ser presidente de la República un hombre sin carisma, sin carácter, sin fuerza de voluntad, que se doblega, que huye de los problemas que debe enfrentar, que no pelea cuando hay que pelear?
El Congreso acaba de aprobar un presupuesto inconstitucional, pues ignora el 4% para la educación, no asigna lo que establece la Constitución el sistema judicial y a los ayuntamientos, etc. ¿Dónde están los congresistas de Danilo? La hermana de Danilo, vicepresidenta de la cámara de diputados votó por ese adefesio. ¿Cómo es posible? ¿Dónde están los senadores y diputados que militan en la corriente de Danilo? Y lo que es más importante, ¿dónde se metió Danilo? ¿Qué opina Danilo sobre el presupuesto y sobre su aprobación de manera atropellada en apenas tres minutos? ¿Qué dice Danilo sobre la aprobación en el Senado, sin leerlo ni enviarlo a comisión? Danilo no habla cuando las cosas se ponen difíciles. ¡Huye!
No quiere tocar ni con el pétalo de una rosa al gobierno. Ahí están sus socios, ahí están los recursos del Estado que fueron utilizados en su contra, pero que ahora, en otro hecho que habla de su verdadera naturaleza política, los quiere a su favor.
Debido a la irresponsabilidad, la incapacidad y la corrupción del gobierno que encabeza Leonel, al país le vienen momentos muy difíciles. El país requiere de un presidente firme, que no le tiemble el pulso a la hora de actuar. El país requerirá de un Presidente con pantalones, con el material colgante suficiente para enfrentar los problemas de la nación sin deprimirse ni suicidarse. Y ese no es ni puede ser Danilo. Ese hombre se llama Hipólito Mejía, que ha probado a lo largo de su vida pública y privada, que no tiene miedo, que no corre como gallina cuando hay crisis, ni se mete debajo de la falda de su mujer.
