Como les advirtiera sombríamente a sus socios de mafia el padrino Don Corleone, en protección de su hijo que volvía, hasta un rayo que caiga en la frontera y afecte a cualquier dominicano es de alguna manera responsabilidad del Gobierno y no de las Fuerzas Armadas, puesto que al Estado le venden pararrayos.
Es un error culpar sin más a los militares del incesante tráfico de haitianos u otros delitos fronterizos.
Hay un inocultable sistema de mando y control que descansa en el Gobierno, a cuya autoridad le deben obediencia constitucional los militares.
Hay otro esquema de sanciones, de compensaciones y de gestos y acciones disciplinarias que han de servir para impedir que se rehuya la responsabilidad puesta a cargo.
El caos haitiano no es excusa para no cumplir las obligaciones como, inversamente, no es responsabilidad del servicio meteorológico que llueva o que haya sol.
Las órdenes se cumplen o no se cumplen.
Pero ambas actitudes y respuestas, en el mundo y en el mando castrense, tienen consecuencias mediatas e inmediatas
En medio de esa visión sinérgica guardias-Estado sí hay ambivalencias de alto riesgo:
La entrada furtiva y sin control evidente de ciudadanos de otra nación, en este caso la haitiana, comporta la idea de lucramiento por uniformados, civiles y más.
Ellos entran mediante acuerdos informales pero efectivos entre bandas haitianas y dominicanas que involucran a militares destacados en la frontera.
Las consecuencias son una población itinerante de haitianos repartida por toda la geografía nacional, el grave peligro para niños de corta edad y jóvenes, expuestos a un viaje riesgoso y costoso, echados finalmente a una acera con una mujer que pide limosnas en la vía pública y muchachos, algunos ya adolescentes, durmiendo donde les llegan la noche y el sueño.
Y mientras, a nivel de organismos internacionales, Ongs bien contratadas, embajadas influyentes y otras modalidades de presión y disuasión, se verifican dos actitudes curiosas:
Si el gobierno -el que sea- decide acerar la frontera y que los haitianos entren a cuentagotas para evitar complicaciones como los denunciados delitos, la ocupación de plazas de trabajo de la gente más marginada del campo y las ciudades, cual ha estado ocurriendo, las negociaciones de tipo contrabandístico, la represión contra haitianos y la lenidad ante los responsables de la mafia que trafica, será denunciado como indolente y que no hace nada, salvo echar discursos de buena voluntad en los foros internacionales.
Si por el contrario, espoleado por esas presiones intolerables, abre a la riada incontenible de personas con todas, absolutamente todas las necesidades por ser cubiertas, incluida la urgentísima del hambre, de reclamo de salud hospitalaria, y puesto que los haitianos marginados, que son la inmensa mayoría, raramente encuentran documentación en su territorio, se plantearán los problemas siguientes:
Acusaciones, reiteradas y renovadas de tráfico humano, especulación con su presencia, sustitución de empleos de la pobreza en medio de una recesión evidente que mantiene hasta pirateando en sus carros, de noche, a la clase media, y el riesgo de saturación con el consecuente y probable colapso de los servicios sociales, deteriorados, pero necesarios, y todo, que está obligado a garantizar el Gobierno a la población en general.
La pequeña carga de veneno contra el país por gente interesada vuela también en esa danza de propósitos y despropósitos.
Se ha intentado dar de la República Dominicana-en esto están comprometidos dominicanos que se auto maculan y se auto torturan en una extraño aquelarre- la idea de que esto es un zoológico, que aquí no hay nada que funcione y que decir dominicano es hablar de tramposo, gente horrible y hasta crapulosa.
Sin embargo, la realidad interior de gente que trabaja desde antes del amanecer, que se preocupa de lo que ocurre en el mundo, que produce y que crea, desmiente ampliamente esa visión estereotipada y brutal.
3 mil niños en el 2009
De acuerdo a un estudio hecho por las Organizaciones No Gubernamentales Solidarité Fwontalyé, el Servicio Jesuíta para los Refugiados Migrantes de Juana Méndez y Solidaridad Fronteriza de Dajabón, revela que en el primer semestre de este año 1,353 niños haitianos fueron traficados por la frontera noroeste, lo que proyecta que al finalizar el 2009 podría superar los tres mil niños. La mayoría de ellos son traídos al país para mendigar en las esquinas de Santo Domingo y otras ciudades sin que las autoridades intervengan.

