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Vacunación

Vacunación

Pedro P. Yermenos Forastieri

Pedro P. Yermenos Forastieri

pyermenos@yermenos-sanchez.com

Esta pandemia, que nos ha enrostrado en plena cara, como si quisiera pulverizar nuestra autoestima, la fragilidad permanente que nos asecha, arroja lecciones cuya asimilación plena podría ser la compensación ideal ante tanto infortunio. Eso aplica para individuos como para naciones. El gran obstáculo, no obstante, para lograrlo, es esa tendencia natural, humana y fatídica a recapacitar al calor del estremecimiento, para olvidarlo tan pronto cesan sus efectos.
Nuestro país, y nosotros como ciudadanos, no escapamos a esa conclusión triste y desaprovechada en su potencial de enseñanza. En las diversas etapas de este episodio trágico, al tiempo de padecer los embates del virus con el riesgo inminente de enfermar, se nos presentaban múltiples oportunidades para sanar lesiones no vinculadas con lo físico, pero de mayor impacto en las causales que determinan nuestra felicidad o desventura.
Quienes terminen teniendo la fortuna de no sucumbir ante este poderoso enemigo biológico, de haber ganado la batalla solo en esa dimensión, habrán tenido una victoria a medias. Aquellos que, al contrario, sí cayeren en sus garras devastadoras, pero puedan superarlo y capitalizar sus mensajes de vida, podrán exhibir un doble triunfo, del cual emergerán sanos del cuerpo y fortalecidos del alma.
Agotamos el tramo de la concretización de la esperanza que ha sido, al unísono, manifestación cruda de insolidaridad internacional; de la supremacía arrogante de países ricos y de afán descarnado de lucro al margen del dolor humano. El portento de la ciencia metido en una jeringuilla que se multiplica por millones de seres humanos que anhelan recibirla admirados y confiados en que, pronto, podremos reencontrarnos sin distancias ni temores. Lamentable que eso, como debiera ser, no esté disponible para todos sin trabas ni subterfugios.
Este país ha sufrido la indolencia expresada en contratos incumplidos, acaparamientos despiadados y retrasos abusivos. Pese a ello, preciso es reconocer el ingente esfuerzo de nuestras autoridades por echar adelante el proceso de inoculación en medio de dramáticas circunstancias. De preservarse el ritmo actual y tenerse la certeza de recibir a tiempo las vacunas contratadas, en período relativamente corto, podríamos tener una proporción apreciable de personas con ambas dosis aplicadas.
Mención especial merece nuestra población. Nueva vez demuestra que, orientada de forma correcta, tiene la capacidad de reaccionar en la medida de lo esperable. Ojalá estemos asistiendo al principio del final. Pena de los muertos dejados en el camino. Que su desdicha nos sirva para convivir sobre mejores bases.

El Nacional

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