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Valor  de la artesanía

Valor  de la artesanía

Los artesanos dominicanos, al igual que toda la sociedad están en crisis. Las ventas son escasas, y la mayoría de ellos a penas sobrevive.

El dilema es: continuar trabajando por amor a la tradición, en espera de tiempos mejores o cambiar de actividad. A Félixmán Pérez Luna, lo venció el tiempo y la crisis.

En consecuencia, la artesanía podría desaparecer y con ello este legado cultural, transmitido de generación en generación desde los tiempos prehispánicos.

El último legado de este artesano de 73 años, le costó casi una  década de  trabajo 32 piezas de ámbar criolla para dejar a la posteridad su obra “maestra”, un juego de ajedrez que tiene en su interior cinco fósiles.

Este hombre, con la visión cortada por el paso de los años y el ejercicio de un trabajo en el que los ojos son la herramienta principal, llegó a poseer su propio negocio, pero se lo llevó el “progreso” cuando se construyó la avenida V Centenario.

Tuvo que dar varios viajes a distintas zonas del Cibao en procura de las piezas de ámbar que usó para construir las fichas.

Este hombre, de hablar pausado, dijo que primero construyó las fichas negras, y posteriormente, las blancas.

“Problemas de salud y falta de ámbar me retrasaron el trabajo, pero cuando lo terminé lo consideré mi obre maestra”, dijo al mostrar con orgullo el tablero de ajedrez, con todas la fichas.

El ámbar es una resina de una conífera que más de 25 millones de años han fosilizado. Se encuentra ámbar en pocos lugares de Europa y en solo 4 países de Latinoamérica.

El ámbar azul dominicano es el más hermoso, apreciado y costoso de los que existen.

Las artesanías con ámbar que se pueden encontrar en la península de Samaná son, en general, amarillos y naranjas.

El ámbar es una resina vegetal fosilizada, producto residual de algunos árboles prehistóricos. Aquella resina era un fluido pegajoso que en contacto con el aire se endureció y que el tiempo transformó en ámbar.

Al brotar la resina del tronco del árbol, hace muchos millones de años, a menudo atrapó en su camino pedacitos de origen vegetal y pequeños animales que han quedado bien preservados hasta hoy.

En Europa, el ámbar se forma a partir de la resina del Pinus succinifera, en tanto que en Chiapas (México), Nicaragua y República Dominicana proviene de una leguminosa, el algarrobo del período geológico Terciario.

Las piezas naturales de ámbar tienen formas muy variadas desde irregulares hasta bien formadas como gotas, estalactitas o campaniforme, con una gravedad.

El ámbar dominicano tiende a presentarse en numerosos colores, muy brillantes, con una gran variedad de tonalidades muy hermosas. Varios factores influyeron en la determinación del color de cada piedra.

Algunos posibles factores son: el tipo de árbol productor de la resina; la composición de la resina, su tiempo y condiciones de fosilización; la presencia de elementos naturales (orgánicos e inorgánicos); los diferentes niveles de temperatura y presión existentes en los estratos ambaríficos.

La mayor parte del ámbar dominicano se encuentra  entre Santiago y Puerto Plata, pudiéndose distinguir dos distritos.

El Nacional

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