“Nadie apunta en su agenda los favores recibidos”, un viejo pensamiento de Séneca. Los dominicanos nos beneficiamos con las remesas que enviaban nuestros paisanos que formaban una colonia en Venezuela. Eran los tiempos en que Adeco y Copey se alternaban en el poder y, aunque había corrupción, ese país no era objeto de bloqueo internacional y exhibía una de las economías más dinámica del continente.
Venezuela fue uno de primeros países en establecer una democracia con instituciones sólidas. Y Rómulo Betancourt, ex presidente de ese país sudamericano, fue objeto de un atentado de Trujillo por condenar desde organismos internacionales las violaciones a los derechos humanos que se cometían en la República Dominicana.
Hay que recordar, además, que Carlos Andrés Pérez, otro antiguo presidente venezolano, jugó un estelar por la democratización de nuestro país, cuando en el año 1978 Joaquín Balaguer intentó vulnerar la voluntad popular expresada a favor del PRD y de Antonio Guzmán Fernández.
La solidaridad política y hasta económica de Venezuela ha sido histórica. Y no hace mucho que a nuestro país se le financió petróleo a largo plazo y a bajísimos intereses a través de Petrocaribe, una iniciativa del extinto Hugo Chávez.
Por múltiples razones Venezuela atraviesa por una profunda crisis económica y social y, lógicamente, en un ejercicio de sobrevivencia muchos venezolanos, en su mayoría con alto nivel educacional, han emigrado hacia diversos países del continente. Conforme a las estadísticas en República Dominicana hay unos 20 mil venezolanos, casi todos realizando labores que apenas les permite alimentarse y alcanzar algunos servicios.
Las autoridades no han sabido reciprocar la solidaridad que siempre nos brindó Venezuela. Todo lo contrario: A través de Migración se ponen trabas y hasta se les exige el porte de 500 dólares a los venezolanos que ingresan legalmente por los aeropuertos dominicanos. ¿De dónde van a buscar 500 dólares personas que huyen al hambre de su país? Es un requisito abusivo.

