La violencia contra las mujeres, en lo que va del año ha cobrado más de 145 vidas, alrededor del 13% de los homicidios cometidos en el país. La cifra destaca el resultado alarmante de las expresiones de violencia cometidas especialmente contra las mujeres, una direccionalidad que nace en el desbalance de poder y cuyo factor de riesgo para sufrirla es, simplemente, ser mujer.
Esa connotación de violencia específica y estructural ejercida por los hombres contra las mujeres, disponiendo de un control absoluto e ideológico sobre vidas ajenas individuales, deja fuera de las violencias sociales esta forma discriminadora de matar a la mujer por su género, un crimen dirigido a todas.
La estadounidense Diane Russell, empleó por primera vez el término femicide, en el Tribunal Internacional Sobre Crímenes Cometidos Contra las Mujeres, en Bruselas, Bélgica, para definir el asesinato de mujeres realizado por hombres y motivado por odio, desprecio, placer o sentido de propiedad sobre las mujeres, es decir, el asesinato misógino de mujeres por hombres.
Detrás de esta definición, están las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres, una situación estudiada y formalizada como referencia más cercana en el Decenio de la Mujer (1975/1985), que generó la inclusión de las violencias basadas en el género contra las mujeres en las legislaciones internacionales y nacionales.
Por delante, tienen el desafío de incluir el feminicidio en las leyes penales, como ya están haciendo algunos países de la región, ya que se trata de un crimen distinto al homicidio, con elementos constitutivos diferentes y escenarios que trascienden los límites de las violencias sociales, para convertirse en un riesgo para todas las mujeres, no para los hombres.
En este mes de noviembre, tan especial porque es el cincuentenario del asesinato de las Hermanas Mirabal, el Estado y su gobierno tienen que detenerse a pensar en la situación especial de las más de doscientas dominicanas que mueren al año por ser mujeres, no solamente en las relaciones de pareja, también en espacios externos a la familia y el entorno.
La República Dominicana tiene investigaciones para establecer tácticas de prevención de asesinatos de mujeres y bajar las cifras alarmantes, así como los nuevos escenarios en que estos feminicidios se cometen. (Para el 2003, el 72% eran feminicidios cometidos por la pareja o ex pareja de la mujer, los llamados íntimos, y ya para 2006, bajaba a un 52%, indicando que el escenario intrafamiliar bajó para dar paso a crímenes de mujeres fuera de las relaciones domésticas).
El respeto a las mujeres, mitad de este país, demostrado en las acciones positivas de todo el quehacer nacional, tiene que hacerse sentir con más que palabras.

