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La primera mujer rectora de la UASD, Emma Polanco, deja un hermoso legado: saneamiento de las finanzas; altos niveles de ahorro e inversión; un vigoroso proceso de modernización y ampliación de la capacidad física y tecnológica de la academia; mejoría apreciable del bienestar universitario; el progreso conjunto global y por facultades, recintos, centros y subcentros; la notable confianza depositada en la universidad por parte de la población, expresada pese a la pandemia, en cifras altas de matriculación en el grado y el posgrado y en las preferencias de los bachilleres al momento de iniciar su vida universitaria; los reconocimientos recibidos por la calidad de los servicios que ofrece y la transparencia en el manejo de los recursos económicos. Estos logros están documentados y avalados por estadísticas amplias y confiables.
Conviene señalar la ruta seguida para obtener esos resultados. 1) La elaboración, bajo el paradigma uasdiano de un programa que contiene un diagnóstico preciso y un marco de acción realista, con claras opciones estratégicas y políticas; 2) El trabajo planificado desde el programa, analizado en los talleres de orientación y planeación hasta la elaboración del plan del cuatrienio aprobado en tiempo récord por el Claustro Menor; 3) Una gestión apegada al marco institucional; 4) Un trabajo enfocado en mantener la rigurosidad en el gasto con plena transparencia y periódicas rendiciones de cuentas; 5) Unas autoridades actuando siempre sincronizadas y motivadas; 6) Una fructífera labor de acercamiento al Gobierno Central, buscando recursos extraordinarios para cubrir necesidades puntuales, sin renunciar al diseño del presupuesto de la UASD, conforme su ley de autonomía, y al reclamo de su aprobación en las instancias constitucionales correspondientes.
Paradójicamente, los resultados son frágiles, reversibles y relativos. Frágiles: por la peculiar situación del financiamiento de inversiones vía el aumento de los ingresos extraordinarios mientras, por otro lado, se reduce la participación a niveles irrisorios de la asignación de la UASD en el presupuesto nacional y en el PIB dominicano. Son reversibles: porque cualquier política clientelar que se practique en lo adelante podría tener serias consecuencias para la academia. Y naturalmente, son relativos a la luz de su misión y las exigencias de la época.
Hoy en la UASD son imprescindibles reformas que destraben el desarrollo de la docencia, la investigación y la extensión. Se requiere superar la anormal cantidad semanal de horas presenciales de los docentes, el número abrumador de estudiantes por académicos y la debilidad en el equipamiento oportuno de los laboratorios y las aulas. Pero también hay que superar el número tan reducido de investigadores y profesores extensionistas, que es la causa principal de la escasez en las publicaciones y en las patentes, así como también de la pálida participación de la academia en el debate nacional y en las soluciones de los graves problemas nacionales, regionales y globales.
Para vencer esos valladares deben reunirse, por lo menos, cuatro condiciones de manera sincronizada. (Este artículo se escribió conjutanmente con María Brea José).
Edylberto Cabral Ramírez
cabraledylberto@gmail.com

