El 26 de febrero de 1844, un día antes de la proclamación la Independencia Nacional, fue una jornada normal en Santo Domingo con los puertos activos y productos llegando desde las regiones este y el Cibao. Todo el mundo estaba ajeno a lo que ocurriría el día siguiente.
El trinitario Francisco del Rosario Sánchez, quien había sido declarado comandante en armas, tenía el plan de acción coordinado desde tres días antes el cual fue analizado en una reunión a la q ue asistieron Eusebio Puello, Ramón Matías Mella, Gabino Puello, Vicente Celestino Duarte, Juan Alejandro Acosta, Ángel Perdomo, Tomás de la Concha, Marcos Rojas y Manuel del Dolores Galván, donde escogieron el día 27 para proclamar la independencia y crear la nueva República.
Un día después de esta reunión, enviaron comisiones a llevar el mensaje a los pueblos: Juan Rodríguez viajó a Los Llanos y El Prado en la región este a llevar el mensajes a Pedro y Ramón Santana informándoles de todos los preparativos del plan que se llevaría a cabo la noche del 27, según la obra Juan Pablo Duarte de Pedro Troncoso Sánchez.
Los revolucionarios aprovecharon que el presidente de Haití, Charles Hérard, se había marchado del territorio dominicano en las navidades de 1843 -dejando la guarnición bajo el mando de Desgrottes- para ocupar sus funciones en su patria, pero llevándose decenas de prisioneros entre ellos a Pedro y Ramón Santana, pero estos pudieron escapar en Azua.
En la tarde del 27 de febrero, Sánchez envió algunos conjurados para que observaran cómo estaba la Ciudad Colonial, pero todo estaba normal, los puertos suspendiendo sus operaciones y los comerciantes de San Carlos retirándose a sus residencias.
Pasadas las 10:00 de la noche los conjurados comenzaron a movilizarse hacia el lugar acordado, armados con carabinas, trabucos, escopetas, sables, machetes y espadas.
Pero, cuando llegó el momento de la proclamación, la tensión se apoderó de algunos revolucionarios, comprobando Sánchez algunas inasistencias, otros querían retirarse a sus viviendas, pero de pronto Mella en la Puerta de la Misericordia, gritó ¡Ahora o nunca, ya no es dado retroceder! y disparó al aire el trabucazo que anunció la proclamación de República Dominicana libre e independiente.

