Miguel Vargas podrá quedarse con las propiedades y los recursos financieros del Partido Revolucionario Dominicano. Podrá enseñorearse de la casa nacional y el nombre de la organización. Pero será muy difícil que pueda lograr el control de los miembros y militantes, de cuyos corazones ya ha sido extrañado.
Podrá seguir contando con el apoyo del gobierno, de los poderes públicos que controla el oficialismo y la coreografía de los comentaristas ventrílocuos del PLD, pero será imposible que vuelva a disfrutar de la simpatía espontánea que comenzó a cultivar antes de que la cercanía del poder lo enloqueciera.
A partir del proceso electoral de 2008, Vargas se proyectaba como un político de futuro promisorio. Pero después que el presidente Fernández le colocó la corbata azul y lo puso a firmar acuerdos, del exministro de Obras Publicas se apoderó una ebriedad, que ahora le provoca insoportable resaca.
Aunque estudió ingeniería y matemática, Vargas no ha sabido calcular las consecuencias de su alianza con Leonel Fernández. Una de esas consecuencias es que el futuro político -¿tiene futuro?- de Vargas queda totalmente incierto. Tiró por la borda su incipiente capital político. Quizá el financiero haya mejorado.
Vargas es un hombre de negocios y parece que es hábil en esa rama. Pero el dinero no lo resuelve todo. Hay muchos militantes perredeístas sufriendo necesidades, pero el dinero de Vargas es insuficiente para conseguir que esa masa malviviente le vuelva a tener afecto y simpatía. No quieren verlo ni de lejos.
En un pueblo del Nordeste, Vargas fue impedido de entrar a la casa donde se velaba a un dirigente del PRD. El repudio de los perredeístas fue tan ostensible que el suspendido presidente de la organización hubo de alejarse. La militancia del partido blanco está hondamente dolida con un presidente en cuyo entorno se promovió al candidato contrario.
El pasado domingo se reunió en la Capital la dirigencia media del PRD. El secretario general, Orlando Jorge Mera, informó que de 155 presidentes municipales convocados, 130 estuvieron presentes; de 229 distritos municipales, acudieron a la reunión 190; de 32 presidentes provinciales, 24 estuvieron presentes, y también asistieron 150 secretarios generales.
La situación es como para que Vargas piense si vale la pena seguir donde muy pocos lo quieren. La mayoría de simpatizantes del PRD considera que Vargas traicionó a su partido. Al hombre que se le enrostra tal condición, deberá experimentar un dolor interior, que lo desconcentra, que le amarga la vida.
Es bien conocido el desastroso final de Judas Iscariote.

