Opinión

voces y ecos

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El Partido Revolucionario Dominicano está urgido de un proceso de desintoxicación. Es lo que se ha intentado en la  sesión de la Comisión Política efectuada el viernes primero de junio. La toxina es una sustancia venenosa alojada en un organismo vivo, la cual resta energía al mismo y puede ocasionarle la muerte. 

El ingeniero Miguel Vargas y un grupo de incondicionales se han constituido en sustancias tóxicas para esa organización. En esa calidad le  han  restado vitalidad  para su desempeño en el pasado torneo electoral. Actuaron contra el interés del PRD, porque se dedicaron a  estar   votantes a la  candidatura del que fuera su partido.

Vargas y  sus incondicionales  son toxinas en el cuerpo del PRD. Unas son endógenas, nacidas en el propio cuerpo, y otras exógenas, llegaron para hacer daño.  Ahora se requiere de una depuración que  deje limpio el PRD. Los órganos del cuerpo tienen que actuar en conjunto para eliminar desechos y regenerar  el tejido.

De todos los puntos del país llegan los reclamos de que Vargas sea expulsado. La Comisión Política lo ha suspendido y a la vez excretó cuerpos extraños que bailan cualquier música, pero como el mono. La respuesta es que los  sancionados se tornan en sancionadores. Por eso se habla de crisis en el PRD.

Y en verdad hay crisis. Es como lo  que los naturalistas llaman crisis curativa. Explican  los entendidos que cuando se desintoxica el cuerpo, las toxinas se ablandan, pasan a la sangre, la  ensucian,   la hacen pesada y provocan  presión alta o baja  y transpiración maloliente.  Ese aparente  empeoramiento es señal de sanación.

El PRD  está por entrar en la crisis curativa. Los que hicieron proselitismo  contra los candidatos del PRD están separados  íntimamente de ese partido. Su filosofía y su mística no significan nada para ellos, la batalla que pretenden dar ante el Tribunal Superior Electoral busca  del gobierno apoyo para  quedarse  con el nombre y las propiedades del partido.

La maestra Ivelisse Prats de Pérez, de cuyo perredeísmo e  integridad nadie puede dudar,  ha planteado la más  justa aspiración para el momento. Quiere ella que de la crisis surja un partido institucionalizado,  no personalizado, en el  que sean los organismos  los que  tomen  las decisiones trascendentales y no las personas.

El PRD  libra una lucha interna por purificarse. Es urgente que expulse las sustancias venenosas que le ensucian la sangre.  Ha entrado en la crisis curativa,   debe  procurar  no agotar sus reservas vitales y  mantenerse  con suficiente fortaleza para conducir a los dominicanos  en la lucha por el sostenimiento de la democracia y contra la abundante corrupción de Estado.

El Nacional

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