Le dije a Fidelio que teníamos que ir a ver el concierto de Xiomara Fortuna, no solo porque he sido su amiga desde que llegó de Montecristi, y en mi casa vivió casi por dos años, nutriéndose del Brasil, del África, del Jazz, del Blues, ritmos que en ese entonces desconocía, sino porque su concierto era una fiesta de la cultura alternativa de este país, de la negritud, de la mujer, de la comunidad homosexual, de hombres y mujeres que en este país luchan contra los tres jinetes del Apocalipsis: el racismo, el sexismo y el clasismo.
Llegar al Teatro Nacional fue una fiesta. Allí estaban todos nuestros amigos y amigas, la gente que viene haciendo patria sin bulla, pero de manera constante e indetenible desde finales de los sesenta hasta hoy. Con canas, sobrepeso, andar dificultoso, algunos y algunas esplendidos en su madura belleza, y todos y todas como siempre diciendo aquí estamos, no nos han podido derrotar.
Una pléyade de músicos, los grandes maestros del saxo, la percusión, la guitarra eléctrica, la trompeta, se dieron cita para apoyar este concierto que literalmente nos dejó sin aliento, fusión de melao y ron, despliegue de lenguaje popular, de cultura de la calle que es la cultura predominante de este país donde el 60 por ciento de la población es joven y de origen pobre.
La Calle será la Calle (impresionante dúo con Diomaris la Mala), Ella tan Ahí y el potpurrí electrónico (donde aparecieron de la nada tres muchachas, dos rubias platinadas y una en el teclado que llenaron de asombro la audiencia con su tributo a la música Techno que hoy domina sobre la juventud mayormente citadina); y al final África, el/la África que Xiomara viene proclamando, en su tributo a Mandela y a los esclavos arrastrando sus tambores, nos sacudieron.
Pocas veces he visto un despliegue y rescate de la religiosidad y del lenguaje popular como en las canciones de Xiomara. Pocas veces he visto a la juventud rendir un homenaje tan cariñoso como el que presenciamos en escena: de Vaqueró, David Almengod, Diomary La Mala, El Prodigio (¡Que prodigio!), Marili Gallardo, Janio Lora, La Marimba. Tomas Álvarez, Tachy Fatule, Zahir, Chinola, y de veteranos como Tony Vicioso (primer mentor musical de Xiomara) y Roldan Mármol, su compañero de trayectoria. No faltó el humor (Cheddy García), ni la danza (Xiomara es una formidable bailarina), ni la imagen, cortesía de Javier Rodríguez.
Que faltó? Más solos, mas baladas donde Xioma demostrara su insólito registro vocal, pero esa es mi preferencia personal. Al final, nos levantamos, urgidos por Xiomara, con las mujeres negras, que ahora cantan con ella su vida y su destino.

