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¿Y los asesores?

¿Y los asesores?

Ramon Rodríguez

He dicho quizás de una manera machacona que la política es una serpiente venenosa que muerde a su propio dueño. Con un corazón »henchido de bondad » no se ganan elecciones.
La política sigue siendo en esencia el arte de lo posible.

El 30 de mayo no sólo es recordado por el ajusticiamiento del sátrapa, Rafael Leónidas Trujillo, sino también por el famoso decreto de San Fernando, firmado nada más y nada menos que por un presidente eclesiástico: Fernando Arturo de Meriño, quien puso sobre los hombros de Ulises Heureaux, -Lilís- la responsabilidad de mantener el orden para conservar el poder político. De eso es lo que se trata: conservar el poder político.

No sé realmente quienes están aconsejando al presidente Luis Abinader, pues se ha hecho norma que, quienes están cerca del presidente, se arrojan el derecho de asesorar sin saber ni un ápice del enmarañado mundo de la política.

No deja de ser un gesto altamente democrático, el que la dirección de estrategia y comunicación gubernamental, haya impulsado la idea de que el presidente Abinader se reúna todos los lunes con la prensa nacional para tocar aspectos fundamentales de la vida nacional, sin embargo, pienso que el jefe del Estado y sus estrategas, cometen un error elemental.

La sobreexposición del presidente Abinader no es aconsejable. Habría que ser un ingenuo del cielo a la tierra para desconocer que muchas preguntas serán elaboradas políticamente por la oposición para establecer su agenda con objetivos políticos determinados, lo cual es totalmente válido en la lucha por el poder y más en este país que está a años luz de llevar a cabo un proyecto de nación.

A nueve meses de las elecciones, el presidente de la República y aspirante a repetir en el cargo, tendrá que desbrozar caminos tortuosos, cuyos escollos serán puestos por una oposición sagaz, que está decidida a lograr el fin sin importar los medios.

Si fuera de los asesores del presidente Abinader, le »prescribiría cierta dosis de malicia», receta imprescindible para conquistar o conservar el poder desde el inicio de nuestra vida republicana.

Por: Ramón Rodriguez
centrodeidiomaswashington@gm

El Nacional

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