SANTIAGO.- Rafael Gabriel García Martínez, alias Charly y Secundino Jiménez, alias Upa, son dos de los cientos de criminales que le tuercen el brazo a la Justicia dominicana cada día, ya sea para mojarle la palma de la mano, o para poner de manifiesto que el poder de las relaciones intermedias decide más que la misma normativa en esos litorales, o también para poner de manifiesto el reduccionismo político cultural del machismo en nuestras instituciones.
Charly es una verdadera joya de la bisutería de las fuerzas represivas nacionales, porque, hasta ahora, seguimos suponiendo que pertenece a esas instituciones, ya que se viste cómodamente de guardia, funge como abogado a veces y otras, como militar de la DNI, sin que nadie le llame ni siquiera la atención.
Sin embargo, su prontuario dice que fue sometido a la Justicia varias veces: en diciembre de 1995, por asociación de malhechores, falsedad en escritura pública y usurpación de funciones, haciéndose pasar como segundo teniente del Ejército; confeccionar carnets de la Policía, a cambio de altas sumas de dinero y hasta falsificando la firma de un General. (En: Datos del Historial Delictivo del Archivo Central de la Policía Nacional, registrado con el No. 95023179)
A estos crímenes se agrega el de la violación, primero a una menor de 14 años, a la que embarazó y después a la menor fruto de ese embarazo, cometiendo incesto, casos por los que fue condenado definitivamente a unos míseros 11 años de prisión, por la sentencia definitiva No. 4272/2007, sin que se de por enterado, ni él ni la justicia, por supuesto.
Upa, es un matatán que en noviembre del año pasado secuestró a su ex esposa y a punta de cuchillo, la violó sexualmente; el 23 de diciembre, quemó la casa donde vivían ella y sus dos hijos comunes. El 21 de enero pasado, Upa, baleó Mirdaliza Hernández, que es la joven madre de 25 años, dejándola parapléjica, con un riñón menos, con el estómago y el páncreas perforados y además, desde su libertad bien ganada, sigue amenazando con matarla a ella, a sus dos hijos y a toda su familia.
Sólo la Policía Nacional y todas las autoridades de la justicia que conocieron estas historias, llamadas casos para fines de manejo y archivo por esos litorales, se cree que estos dos muchachones no llegarán a más, porque el resto del pueblo, tenemos tremenda preocupación y temor de que Charly siga fantocheando y robando vestido de militar y, además, entre robos y mentiras, siga violando sexualmente a menores y amenazando a las que ya son sobrevivientes de su criminalidad; y que Upa, cumpla las amenazas, porque ya ha demostrado ampliamente de lo que es capaz.
Y eso que, en ambas historias crudas y reales, las víctimas sobrevivientes tienen dolientes que, como Margot Castillo y Eneroliza Hernández, las dos madres y abuelas que claman por justicia, después de haberse entrevistado con toda la cúpula nacional del poder armado, recibir tarjetas de los más altos mandos y sentirse burladas y abandonadas, recorren los medios de comunicación para que no se olviden del peligro que corren sus hijas, nietas y nietos.
A pesar de creer que los medios, también saturados de reclamos ajenos, van perdiendo su poder de presión a fuerza de tanto prestarse para dilucidar cosas y casos, propios y ajenos, por paga y sin ella, no podemos dar la espalda a los de Margot Castillo y Eneroliza Hernández y mucho menos, hacernos cómplices por silencio.
Ambos, Rafael Gabriel García Martínez, alias Charly, y Secundino Jiménez, alias Upa, están empoderados por una justicia floja e impasible, que se deja convencer fácilmente cuando se trata de crímenes contra las mujeres, misma justicia que con pasividad, imprudencia, informalidad, insensatez, incompetencia, pereza, apatía, desidia, desgana, flojedad, inacción, rutina, declaró libres y sueltos a estos dos elementos, en nombre de la impunidad.
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