Manuel Chapuseaux, que es lo mismo que decir Teatro Guloya, se sabe perfectamente en dominio interpretativo de lo que plantea el texto provocador y sarcástico de El Quijote no existe, del dramaturgo chileno fallecido, Jorge Díaz.
Su experiencia lo conduce asertivamente a lograr una actuación desfila por una combinación del drama, la denuncia social y los precisos tonos de comedia que se disfrutan con intensidad.
Chapuseaux juega con la fuerza de los enfoques y personajes que plantea el autor de El Quijote no existe al tiempo de enamorar y coquetear con el público para inducir al público a buscar la novela para leerla, al ofrecer información literaria de sus personajes (que son más de 500), las características de algunos que no han sido popularizados ni por el cine ni por la escuela misma, revelando las presiones de aquella época y las fuerzas comerciales de choque de las editoriales de ésta otra, moderna y caricatura de lo que debía ser un código correcto de valoración de la narrativa. Jorge Díaz, nos habla de nuevo por el talento de Chapuseaux, evidenciando que, gracias es posible a la eternización del pensamiento artísticamente expresado, para dejarnos sentir un montaje que permite tantos vuelos de imaginación y denuncia, de giros sorprendentes de interpretación , con una economía de recursos escénicos admirable, con una entrega histriónica como para no ser olvidada nunca.
Lo destacado
De la pieza resaltan y se quedan en la mente del público: la expresividad de los ojos de Chapuseaux, su rostro crispado o distendido, el movimiento gracioso, ágil o enlentecido de su cuerpo, su vestuario blanco y simple, su interpretación vocal manejada como una paleta de colores para hacernos verlos diversos personajes.
