Mi encuentro con la literatura de Edgar Borges sucedió cuando llegó a mis manos uno de sus libros (¿Quién mató a mi madre? Ediciones Irreverentes, 2008) cuyo título de inmediato me hizo pensar en las novelas detectivescas que alguna vez leí en mi infancia. Sin embargo, si bien el título del libro me remontó a aquella época, su lectura me desnudó sin contemplaciones. Mientras lo leía me iba despojando del lastre cotidiano para sumergirme en la vida sin velos ni empañamientos, una extraña vida vuelta ficción, pero tan cercana al humano acontecer que no salgo aún del enamoramiento inicial.
Así comenzó mi inquietud por la obra de este autor con quien comparto nacionalidad y entusiasmo por la palabra.
Su último libro El hombre no mediático que leía a Peter Handke (Ediciones En Huida, 2012), investigación novelada en clave de diario como el mismo autor la denomina, rebasa las nociones de novela manejadas por ciertas teorías. El tratamiento del personaje donde el yo se diluye en otros deja el umbral abierto entre ficción y realidad; no obstante, esa realidad no es tal, es una ficción creada por otro u otros, porque la literatura de Edgar Borges no deja de ser una literatura que habla de sí misma para dar cuenta de una realidad más allá de la que se nos muestra. Las voces se confunden pero no lo esencial: lo que nos quiere decir se va multiplicando de distintas formas en ecos infinitos. Nunca cede los espacios concebidos para la imaginación porque la idea es reinventarnos constantemente, herencia del argentino, Cronopio al fin, de quien Edgar se declara lector. Este libro rebasa a su vez el concepto de investigación, nada de aburrimientos teóricos ni letra muerta, está lleno de sangre, de fibra y tensión bien llevadas. Sus novelas fundan realidades muchas veces más próximas a la verdad tan manoseada y saturada por malas e interesadas interpretaciones que aquella que pensándose única vela la posibilidad de hallarla.
Peter Handke es un escritor distinto, me interesan muchos de los planteamientos de su obra. Handke utiliza la palabra con precisión, sin adornos innecesarios, para dibujar un espacio cerrado pero también para derribar muros y mostrar el espacio abierto. Sus historias son una crónica que refleja el terrible silencio que padece el ser humano actual.
Se trata de un silencio ensordecedor, un silencio en medio del ruido propio y ajeno. Es como si el ser humano de hoy en el fondo estuviese callado resistiendo un terrible grito que aumenta y aumenta obstaculizando, cada vez más, toda posibilidad de movimiento. La obra de Peter Handke habla de la incomunicación, de la soledad pero también de la necesidad de movimiento, de descubrimiento personal.
En cuanto a forma Handke desafía el sentido clásico de la narración cíclica de comienzo, desarrollo y final. Y eso, en estos tiempos de estupidez, se agradece, sobre todo si tomamos en cuenta que el mayor sentido cíclico que nos narra el poder es la imposición de su realidad.(Mediaisla).
